Escucha esta nota aquí

Lucen imponentes sus dos plantas, es el referente del pabellón 11 del PC-4. Tiene vidrios blindex y ostentosas chapas metálicas. Fue pintada completamente de blanco, como para que se distinga incluso en las imágenes que hay en los buscadores satelitales, del resto de las edificaciones que han construido los cerca de 4.500 presos que viven en el régimen abierto de Palmasola.   


EL DEBER visitó la casa donde vivía Víctor Hugo Escobar Orellana, ‘Oti’, el exmandamás del penal que fue trasladado a Chonchocoro de La Paz, que ahora luce una cadena y un candado que evitan el paso de los curiosos a la edificación, que está inhabitada, cuando en otros tiempos era la fortaleza del hombre que mató a dos policías en 2009 y que, según las versiones de los mismos internos, dormía custodiado por al menos 20 guardaespaldas.


Los internos no comentan quién edificó esa casa, lo cierto es que Oti la ocupó a su ‘estilo’, seguramente como tomó otros ambientes para sus seguidores. “Llegaban, observaban un lugar y le decían al que lo ocupaba que tenía ocho horas para desalojarlo porque ellos lo iban a usar”, dice una persona, que presenció varios de estos hechos. 


Parado frente al inmueble que habitó Oti, otro recluso conversó con este medio y recordó cómo desde la segunda planta del edificio el reo, sentenciado a 30 años de prisión por el delito de asesinato, “dirigía negocios como los cobros irregulares por ‘seguros de vida’, ‘derechos de piso’ y otros, además de tener negocios dentro del penal, como el monopolio de alimentos, tiendas, ferreterías y hasta la sucursal de una empresa de envío y retiro de dinero”.


El reo, que estuvo dentro de la ‘casa blanca’, recuerda que allí el exlíder del PC-4 tenía habitaciones con aires acondicionados, televisión por cable, televisores con pantallas gigantes y privilegios, como el ingreso de mujeres, bebidas alcohólicas, una mesa para jugar billar y más. 


Sin embargo, ahora la ‘casa blanca’, que ha quedado como símbolo de la época de Oti y de sus acciones violentas, será reutilizada, al igual que el resto de las construcciones hechas por los mismos reclusos, por las autoridades gubernamentales que luego del 14 de marzo quieren controlar y reorganizar Palmasola.


Reclasificación y ambientes
El director departamental de Régimen Penitenciario, Iver Melgarejo, indicó que se está trabajando en un plan para la reasignación de espacios dentro del penal, partiendo de la propuesta de concentrar a los detenidos preventivos en el PC-4, llevar a los condenados a delitos de 30 años en el sector B de Chonchocorito y poner en el sector A de la misma área a otros sentenciados, pero por delitos a menos años de prisión.


“Se está elaborando una lista de los internos, según su situación jurídica y el tipo de delito que cometieron, este listado también incluye a los internos de los pabellones de máxima seguridad, PC-3 (Chonchocorito) y PC-7”, explicó Melgarejo, y al referirse a los ambientes que existen añadió que la infraestructura carcelaria construida por los reos,  que originó cobros y pugnas por controlar ese dinero ya que se podían cobrar alquileres mensuales de entre Bs 800 y $us 900, pertenece al Estado, incluyendo las obras y ampliaciones hechas por los internos.  


Actualmente, el PC-4 vive entre la calma, la incertidumbre, vacíos de organización y los imprevistos que causó la ejecución de un cambio violento del sistema de vida que se desarrollaba en el penal por varios años.


Entre los ‘vacíos’ e incertidumbre están qué va a  pasar con la administración de los espacios que fueron construidos por los privados de libertad, por los cuales cobraban alquileres.  
El defensor del pueblo, David Tezanos, manifestó que las autoridades con competencia en el tema carcelario están “tratando de hacer algo en función a una coyuntura”. Agregó que las autoridades penitenciarias están realizando acciones inmediatas sobre las formas en que se puede reordenar a los reclusos, pero que se enfrentan a condiciones de hacinamiento y “todo lo que se ha heredado”. Por esta razón, cree que la situación no podrá ser transformada inmediatamente, por lo que se requiere de planes a mediano plazo y un seguimiento estricto.   
A su vez, el comandante de la Policía, Alfonso Siles, ha comprometido que nada volverá a ser igual que antes del 14 de marzo y ha pedido que se denuncie cualquier tipo de cobros, mientras que el gobernador del penal, Ronald Mercado, dijo que la clasificación de internos es un proceso que se debe realizar en coordinación con los representantes del Consejo Penitenciario que integran los delegados, la Policía, Régimen Penitenciario, representantes de la Pastoral y otros, que deberán valorar las listas de los internos. 


El juez de ejecución penal, Manuel Baptista, indicó que los juzgadores solo están haciendo cumplir las normas al enviar reos a Palmasola y aclaró que la asignación de los espacios para los internos es una atribución exclusiva del director del centro y no de los jueces.

Los espacios en régimen abierto eran usados para extorsionar y conseguir ‘becas’ para los más violentos

Si bien el movimiento económico que generaba el pago de alquileres y el negocio inmobiliario de la compra y venta de espacios en el penal era parte del poder que se peleaba en el reclusorio, cuando Oti mandaba, otra de las modalidades para ejercer su poder eran las ‘becas’, que exigía para sus secuaces. 


“Por orden de Oti tienen que alojar a uno de nosotros aquí”, decían sus seguidores al entrar a los mejores pabellones. Entonces los ocupantes tenían que ingeniarse cómo acomodarle un espacio con todas las comodidades donde el ‘becado’ permanecía un par de días y se iba. Al poco tiempo Oti se presentaba en el lugar con información que le proporcionaba el ‘becado’ y pedía algunos de los lujos o beneficios que allí había, o también dinero en efectivo, entre $us 1.000 y 2.000 a cambio de no llevárselos. 


Estos mismos internos contaron que en Chonchocoro, donde ahora está Oti, días atrás fue ‘bautizado’ con una zambullida en un pozo de agua fría en la madrugada y si sacaba la cabeza era ‘premiado’.