Cuando tenía tres semanas de embarazo y decidió abortar, María tuvo que acudir a la clandestinidad. Chile es uno de los siete países del mundo que prohíbe la interrupción del embarazo en todas sus formas y pena su práctica con tres a cinco años de cárcel.

"Tuve miedo de ir presa porque no tenía seguro médico, y si todo salía mal y requería atención médica debía ir a un hospital público donde temía ser denunciada", contó María, cuya verdadera identidad es resguardada por la ilegalidad del aborto en Chile.

Ahora María tiene 30 años. El embarazo, que no había sido deseado, la sorprendió hace un año. Y su decisión fue personal: no podía tener un hijo en ese momento.

"Yo sabía lo que tenía que hacer: abortar (...). El problema era conseguir un método para abortar. Cómo iba a conseguir la pastilla, cuánto costaba, y si iba a tener plata para comprarla", explicó.

Tras barajar varias opciones con su madre y su novio de hacía seis años, como viajar a otro país para realizarse el aborto, María decidió acudir a internet. Allí, decenas de vendedores anónimos ofrecen el medicamento "misoprostol" o "misotro", cuya venta está prohibida en Chile.

Así dio con la página de una organización extranjera, dedicada a la prevención de embarazos no deseados y abortos inseguros, que le podía enviar estas pastillas concebidas para tratar úlceras de estómago, pero que tienen un poderoso efecto abortivo.

No obstante, llegarían a Chile cuando María tuviese ya dos meses de gestación. "Tras una semana pudimos comprar la pastilla a través de la página electrónica (...) pero igual teníamos el problema de la tardanza", contó.

Finalmente, adquirió las pastillas de otra mujer que había cambiado de opinión y decidió tener a su hijo.

Una dolorosa experiencia

Con el apoyo de su familia, María decidió abortar en casa de su novio. Luego de informarse sobre cómo debía administrarse las pastillas, tomó la primera dosis, que debía mantener bajo la lengua hasta que se deshiciera en la boca.

"Te dan fuertes contracciones, primero diarrea, luego mucha sangre y todavía tenía la pastilla en la boca, y luego me dieron ganas de vomitar. Me tragué el vómito unas tres veces para no botar la pastilla", narró María.

"Tenía la presión de saber que esta era mi única oportunidad y que, si salía mal, podía no funcionar completamente y después (podía tener) un embarazo con un feto muerto, que puede pasar", añadió.

La dolorosa experiencia concluyó luego de poco más de doce horas. Y si bien el calvario había terminado, aún temía que alguien se enterara de lo sucedido.

"Si en algún momento alguien conocía que me había hecho un aborto me podían denunciar y yo podía estar presa y todo el peso de la sociedad podía caer sobre mí", señala.

La llegada del misoprostol hace unos 15 años cambió el paisaje del aborto clandestino en Chile. Oficialmente se registran unos 30.000 abortos al año de acuerdo a los egresos hospitalarios, donde se incluyen los espontáneos. No hay certeza, sin embargo, del número que se realiza en la clandestinidad.

La presidenta Michelle Bachelet envía este sábado al Congreso un proyecto para despenalizar el aborto en caso de riesgo para la madre, violación e inviabilidad fetal. "Es un paso el aborto terapéutico, pero estamos súper atrasados", dice María.