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Se ha extendido la idea de que la política es perniciosa y que todos los políticos son corruptos, aprovechadores y arribistas. Con esta generalización, los partidos serios corren el riesgo de ser calificados como organizaciones sucias y despreciables, a pesar de que prácticamente la totalidad de los politólogos reconocen el lugar indispensable de estos en las sociedades contemporáneas. Como consecuencia, “la ética está de moda entre la buena gente y la política no; que en algunos casos extremos se llega a identificar abruptamente la política con la maldad en las actuaciones prácticas de los hombres y la ética con la bondad”.

Sobre esto se ha escrito mucho. Aún es popular la idea de Nicolás Maquiavelo de la que la “supresión de la ética como categoría política y, correlativamente, de su fundamentación sobre otros supuestos y no sobre los supuestos éticos que estuvieron en su origen y en su razón primera” (Alejandro Serrano Caldera. Ética y Política). No obstante, esta idea ya predominante, la Carta Democrática Interamericana, al enumerar los elementos de la democracia, incluye “el régimen plural de partidos y organizaciones políticas” (Art. 3), y añade: “El fortalecimiento de los partidos y de otras organizaciones políticas es prioritario para la democracia” (Art. 5).

Y como la moda de devaluar a los partidos va creciendo porque “la política es sucia”, estos, por lo menos en nuestra región, se han  debilitado, pues muchos ciudadanos, especialmente los poco avisados pero honestos, no están dispuestos a militar en una organización presuntamente sin ética. Esto también ha dado lugar a corrientes populistas antipartido, inspiradas tanto en la vertiente fascista como en el extremismo de izquierda, siempre con la mira de suprimir la pluralidad de opciones políticas. Esto, al parecer, fue tomado como una renovación de la política para terminar en regímenes de partido único, autoritarios y dispuestos a suprimir las instituciones democráticas. Es más: el populismo busca el respaldo de los llamados movimientos sociales, que generalmente son los que tienen dirigentes que lo apoyan. Afortunadamente, el predominio populista parece en retirada (“¿Está liquidado el populismo? No lo creo. Incluso, pienso que es muy peligroso dar por muerta esta tendencia política”. C.A. Montaner), pero que no abandona la violencia como en Venezuela y Nicaragua. Una política respetable, no la que la desnaturaliza.