Opinión

Institucionalidad cruceña interpelada

El Deber Hace 12/6/2017 8:00:00 AM

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Entre los llamativos efectos de las protestas juveniles contra el fallo judicial, que autoriza las candidaturas de por vida de Evo Morales y de las autoridades electas, está la interpelación a la institucionalidad cruceña, que tiene como su corazón al Comité pro Santa Cruz. Son duras las escenas del cerco al edificio de la entidad cívica y la presión de los manifestantes para que los dirigentes tomen decisiones sobre la exigencia de un paro departamental. Es inusual que la Policía haya tenido que recurrir a los gases lacrimógenos para proteger la sede comiteísta de los jóvenes que exigían a sus conductores ser más firmes y eficientes.

Varios de los movilizados añoran los años en los que las instituciones cruceñas acogidas en el Comité pro Santa Cruz se plantaron con un coraje admirable frente a los abusos de los poderes y los males del centralismo. El dictamen del TCP, que avala las reelecciones indefinidas, ha sido el disparador de las críticas juveniles a la institucionalidad cruceña, a la que se le exige menos silencio y un mayor protagonismo en la agenda pública nacional. 

Lejos están los años de intensas luchas en los que desde Santa Cruz se abrió el camino para que Bolivia consolide su democracia, las regalías para las regiones petroleras, las autonomías municipales y la descentralización política y administrativa, entre otras conquistas. Es cierto que son otros tiempos y que hay una nueva realidad en el país que le han dado a los comités cívicos en general un rol menos protagónico.

Los sectores locales, principalmente los productivos que son los más influyentes, optaron por una interlocución y una negociación directa, sin mediación de partidos ni comités cívicos, con el Gobierno. Esa nueva característica de la relación, impuesta por conveniencia principalmente del poder, terminó relegando al Comité pro Santa Cruz a una función secundaria y algo más enfocada en la problemática local. En realidad, desde hace un tiempo la élite cruceña ha optado por priorizar los acuerdos y evitar el lenguaje de la confrontación. 

En ese complicado contexto, al Comité pro Santa Cruz le ha convenido un repliegue momentáneo que ahora le pasa factura con los jóvenes que le reclaman decisiones relevantes en la política nacional. Pero no es solo la entidad cívica la interpelada. Hay también malestar con los políticos locales, con la universidad estatal y con el conjunto de la institucionalidad tradicional. Ciertamente, con el despertar de los jóvenes tendría también que generarse un sacudón para que la clase dirigente cruceña recupere la autoestima, levante nuevas banderas y retome la iniciativa política para mostrarle a Bolivia que hay caminos alternativos.