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El achachairú, la fruta dorada originaria del departamento de Santa Cruz, tiene su santuario en Arubai, una reserva privada del patrimonio natural de más de 500 hectáreas, situada en proximidades de Terebinto, a 35 kilómetros de la capital cruceña, donde se atesoran diez variedades, algunas de las cuales ya no se encuentran en estado silvestre ni en los canchones en los que la gente acostumbra sembrar la planta.

A decir de Javier Coimbra, naturalista y uno de  los propietarios de la finca Arubai, el principal uso del achachairú es el consumo de la fruta fresca, cuya sensación al comerlo activa todos los sentidos: la vista (el fruto es bonito), el tacto (al abrirlo), el oído (cuando se rompe la cáscara), el olfato (con su aroma) y finalmente el gusto (con su incomparable sabor ácido y dulce a la vez).

El segundo uso más importante es el refresco, que debe hacerse cuando la fruta está pintona. Asimismo, la semilla se puede despulpar y congelar para así asegurarse de tener achachairú todo el año.

Coímbra también citó algunas propiedades curativas de fruto dorado producto de su experiencia. “Cuando está pintón, es digestivo, además los extractos de la planta tienen efecto anticancerígeno y las semillas previenen las caries dentales”, aseguró.

Clasificación

El achachairú, cuyo género se denomina Garcinia, es una planta silvestre oriunda de las provincias Sara e Ichilo, dotadas de llanuras humedecidas con neblinas o lloviznas, siendo este clima ideal para su desarrollo en monte alto. Sin embargo, su cultivo se ha extendido a Porongo y a una parte de la región chiquitana, como San Javier, San Rafael y otros lugares.

Javier Coimbra, explicó que su padre Germán Coimbra Sanz (novelista, poeta, historiador y botánico ya fallecido) recolectó a lo largo de los años semillas de las diferentes especies de achachairú, las sembró y las clasificó: Garcinia macrophylla, garcinia laterifolia, garcinia arubaiense, garcinia ocoró largo, garcinia buenavistense, achachairú pitón (sin clasificación), achachairú redondo y ácido (sin clasificación), Garcinia brasiliensis, achachairucillo con punta y cáscara dura (sin clasificación) y achachairucito (sin clasificación).

La propiedad Arubai ahora está en manos de Ana María Molina viuda de Coimbra y de sus cinco hijos.

Características

Casi todas las  plantas de las distintas variedades de achachairú son altas en forma de pino, con la hoja alargada, excepto la Garcinia macrophylla que nace en el parque Amboró, cuya hoja es más grande.

Otra diferente es la planta de la Garcinia brasiliensis, que es un achachairucillo redondo con cáscara blanda que se da en la Chiquitania. El árbol puede detener su crecimiento y ensancharse para los lados con una poda adecuada. La fruta de esta especie madura en octubre y desaparece en diciembre, justo cuando empieza la época del esplendor productivo de las otras variedades. Asimismo, es más resistente que el resto al cambio climático.

El tamaño y la forma de la fruta también varían. Por ejemplo, la Garcinia macrophylla es la más grande, con alrededor de 10 centímetros de diámetro;mientras que la más pequeña es el achachairucito, de un par de centímetros, que se reproduce en San Carlos, Buen Retiro y otros pueblos del norte. Otras diferencias son que el achachairucillo de Ichilo tiene una punta y el achachairucillo de la Chiquitania es redondo; por último la cáscara de la Garcinia ocoró largo es rugosa.

Al germinar todas las frutas son verdes, al crecer se tornan amarillas y adquieren un color dorado intenso que llega al anaranjado rojizo cuando están maduras. El más popular es el achachairú Garcinia laterifolia, que madura desde mediados de diciembre y se comercializa hasta enero.
En cuanto al sabor, todos son dulces con ciertos grados de acidez, siendo el más cáustico el achachairú redondo que se da en Sara e Ichilo, cuya maduración es tardía. En la degustación de la pulpa de las distintas variedades se puede percibir los sabores característicos, siendo el más agradable el achachairú común, del cual se seleccionan cuatro tamaños. 

Dora Alvis compra el achachairú común al por mayor en Arubai desde 1978, cuando empezó el negocio con su marido. La cosecha a lo largo de décadas le ha dado la destreza de calcular al ojo la cantidad de frutas que una planta puede dar. “De una planta bien cargada se llenan cuatro canastos, con unos 600 a 700 achachairuses cada uno. Los seleccionamos y sacamos cuatro tamaños, siendo el más grande ‘el abuelo’. Al más pequeño se le dice piojo y, por ser ácido, se vende para hacer refresco”, manifestó la mujer que distribuye en La Ramada.