Opinión

Las claves fundamentales

Mauricio Ochoa Urioste Mauricio Ochoa Urioste 4/7/2018 04:00

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Mucho se discute en círculos académicos y políticos acerca de los gobiernos de izquierda o de derecha, el programa llevado a cabo por el Ejecutivo y cuestiones meramente coyunturales. Esto es válido siempre que prevalezcan otros criterios.

Primero, es esencial para cualquier país del mundo el respeto de la dignidad humana. Según la profesora española Castilla de Cortázar, la dignidad humana es un valor inherente al ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto ser racional, dotado de libertad. No se trata de una cualidad otorgada por nadie, sino consustancial al ser humano. Tampoco depende de ningún tipo de condicionamiento ni de diferencias étnicas, de sexo, de condición social o cualquier otro tipo. 

El artículo 22 de la Constitución boliviana establece: “La dignidad y la libertad de la persona son inviolables. Respetarlas y protegerlas es deber primordial del Estado”. Ya las anteriores Constituciones recogían el concepto para consagrar este aspecto crucial en toda sociedad democrática. 

El otro artículo es el primero de todos, que indica: “… Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”. El pluralismo político, que engloba a todos los demás, se expresa mejor en la importancia del debate parlamentario, las coaliciones parlamentarias, la tolerancia recíproca en todos los niveles de la sociedad y órganos de gobierno, el multiculturalismo, el control de la administración –esto es, del Poder Ejecutivo– por el Poder Judicial y los entes de fiscalización, y el sometimiento pleno a la ley, sin el que es imposible formular y sostener el principio del Estado de derecho, que con alguna ambigüedad refiere la propia Constitución de 2009.

Dadas estas razones, parece incorrecto afirmar que sea posible la presencia de un Gobierno que no respete la dignidad y la libertad de la persona, el imperio de la ley, el pleno goce de criterios de las agrupaciones políticas, el consenso, el disentimiento y el debate parlamentario siempre enmarcado en la Constitución y en las leyes que la desarrollan. En este último punto –el desarrollo legislativo de la Constitución de 2009– tengo al menos dudas en cuanto a que desde mi más humilde opinión no refleja la sociedad boliviana en su conjunto.
Lo más destacable quizás de la Constitución de 2009 fue la incorporación de los derechos fundamentales en un amplio abanico que abarca una multitudinaria expresión de los mismos. Esto no significa que antes los ciudadanos no los hayan tenido por el carácter abierto de la CPE reformada de 1994. En definitiva, las claves fundamentales de una democracia radican no solo en su formalización, sino en su materialización. ¿Qué significa esto?. Pues, ni más ni menos que en su cumplimiento.