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En un reciente foro organizado por Innova de Cainco, María Marta Ferreyra, del Banco Mundial, presentó un análisis sobre los factores que inciden en una mayor productividad en ciudades de América Latina y el Caribe. Estableció tres componentes esenciales: la forma geométrica de estas urbes, su estructura interna relacionada con el acceso y conectividad a otros mercados, y la habilidad, que está determinada por el capital humano calificado. Insistió que la infraestructura y una adecuada planificación urbana, los buenos servicios públicos y la voluntad política de una coordinación apropiada y sincera entre municipios diseñan el “entorno propicio” para el logro de dicho objetivo.

Respecto al primer componente, la autora aseguró que “en una ciudad perfectamente circular, “las interacciones se producen más fácilmente” y aumenta la productividad. Al ser Santa Cruz de la Sierra la ciudad de los anillos, ello es una ventaja comparativa frente a otras capitales. También debemos destacar su ubicación geoestratégica y que gravita sobre 4 ejes cardinales, incluyendo la salida al océano Atlántico por dos vías y al Pacífico a través del macizo andino. Este hecho, más su rica naturaleza, ha merecido que nuestra región, junto a San Pablo (Brasil) y Bahía Blanca (Argentina), forme en el futuro un triángulo alimentario mundial (Agustín Saavedra Weise, EL DEBER, domingo, 30/09/18).

Sobre el tercer componente, Ferreyra y otros afirman que para buscar prosperidad y equidad no se puede ignorar la educación superior, pues se impulsa el crecimiento y la innovación, trayendo consigo mayor productividad y desarrollo económico. Es más, estos autores afirman que en sociedades con desigualdades sociales, una educación de calidad, diversa y equitativa en todos sus niveles se convierte en el “gran igualador” de dichas discordancias (Momento decisivo: La educación superior en ALC, 2017). Otro ejemplo, si todas las personas de una ciudad adquirieran un año adicional de escolaridad, los salarios se elevarían en un nada desdeñable 20%.

En este ámbito, también Santa Cruz de la Sierra lleva todas las de ganar. Tenemos más de 150.000 universitarios y cerca de 5.000 docentes, capital humano más que suficiente para desarrollar la Edutrópolis nacional, y si alcanzamos una simbiosis entre el nivel gubernamental, el sector privado y la comunidad universitaria, avanzaríamos raudamente en la productividad y la innovación, empujados por la fuerza de esta “triple hélice”. También hay una ley municipal que declara a nuestra capital “ciudad universitaria tecnológica e inteligente”. El debate es si queremos una Edutrópolis o nos convertimos nomás en una Mercadotrópolis. A su vez, cruceños, instituciones y autoridades deben encarar con sensatez el funcionamiento armonioso de la “región metropolitana”, asunto que se debate hace 20 años. ¿Qué será de ella en 2030, con cerca de 5 millones de habitantes? ¿Cuál es el rol de la universidad? En este aspecto, bajo el marco del llamado Futures Week, Unifranz organizó el taller 2030 Construyendo Futuros. Participaron cerca de 250 líderes estudiantiles y empresarios jóvenes, quienes, con el apoyo de investigadores y futurólogos del Millennium Project, diseñaron algunas líneas de trabajo, contribuyendo así al fin de transformar Santa Cruz de la Sierra y su área de influencia en un espacio amigable, sustentable, resiliente y productivo, donde despunte la sociedad del conocimiento y la innovación, en lugar del ninguneo y la mediocridad.