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“Cuando apenas tenía unos días de nacido, a mi hijo José Antonio Flores (21) le sacaron líquido de la espalda y le provocaron daño cerebral, desde entonces él no habla y no camina. Y desde entonces vengo a la mansión y participo siempre de todos los encuentros del Nuevo Pentecostés, esperando siempre un milagro para mi hijito”, cuenta Julieta Flores, una madre soltera que se busca la vida lavando ropa para sacar adelante a sus tres hijos.

El encuentro internacional, que duró una semana, contó con la participación de predicadores de Colombia e Italia, además de los representantes de Bolivia, que centraron sus plenarias, dinámicas y conferencias en la predicación del evangelio a tiempo y fuera de tiempo para comenzar a dar buenos frutos.

Miles de feligreses que llegaron desde Argentina, Brasil, Paraguay y Perú, y de los nueve departamentos de Bolivia, se dieron cita ayer en el pahuichi de La Mansión para participar de la misa de clausura del 36.º Encuentro Internacional del Nuevo Pentecostés, oficiada por el predicador colombiano Fray Said León Amaya, que hizo hincapié en el lema del evento: ¡Ay! de nosotros si no predicamos el evangelio.

“Para esto necesitamos la ayuda del espíritu santo. Como dice el papa Francisco: “Él, que inspiró la palabra, es quien hoy, igual que en los inicios de la iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja conducir por él y pone en sus labios las palabras que por sí solas no podría hallar”, remarcó Fray Aldo Tórrez.

Algunos testimonios
“Es la primera vez que participo y realmente es un encuentro sobrenatural. Se siente la presencia de Dios”, dijo Tomasa Luyo, que vino de Perú. Asimismo, Martha da Silva, de Brasil, contó que desde hace 12 años participa y que espera el evento con ansias, porque es lo más hermoso que ha vivido.