A dos semanas de las elecciones generales del 25 de octubre en Argentina, ha comenzado el tiempo de “caza” del votante dubitativo, de los indecisos, del que puede definir la votación entre el oficialista Daniel Scioli, el conservador Mauricio Macri y el disidente Sergio Massa.
Entre estos “votos de oro”, aunque cuantitativamente inferiores, están los de los migrantes de países latinoamericanos, y entre ellos los de los bolivianos, cuyo termómetro de motivación electoral aún está en niveles rojos.

Una triada de causales confluye, al menos, en este diagnóstico: la poca información –que no es exclusiva del mundo migrante–, el poco interés de los votantes y las ofertas electorales de los cuadros políticos, enfocados en temas puntuales con una clara dirección al centro político y un mensaje común: cambio, pero moderado.

En ello coinciden la mayoría de los análisis mediáticos, cuatro referentes de la comunidad boliviana, una experta en temas migratorios y un periodista consultados en Buenos Aires.

Apertura migratoria
La explicación simplista del bajo nivel de participación migrante en las elecciones podría reducirse a que la gente no vota en los comicios generales, porque no se le permite elegir ni al presidente ni al vicepresidente ni a los legisladores nacionales, aunque sí a autoridades locales como gobernador o intendente; sin embargo, eso sucede en gran parte de los países, y no solo en sistemas federales, como el argentino.
Lo cierto es que en los últimos años hubo una importante apertura en la política migratoria argentina, basada, fundamentalmente, en el llamado Plan Patria Grande, de regularización de inmigrantes, aprobado por el presidente Néstor Kirchner en 2006, lo que es reconocido por propios y extraños, aunque es igualmentecriticado desde posiciones más conservadoras.

“La Ley Patria Grande nos visibiliza, por ejemplo nos permite sacar el DNI (carné de identidad) más rápido. Antes estuvimos ocultos, hoy ya no”, dice Juan Ino Mamani, que radica en Argentina desde hace 20 años, y es militante y delegado del partido del MAS IPSP, y en consecuencia del ahora oficialista Frente para la Victoria, liderado por Daniel Scioli.

“Se ha avanzado mucho en el tema de derechos”, resume Edwin Martínez, que dejó Tarija para vivir en Buenos Aires hace más de 15 años, y que, si bien ahora trabaja como constructor en proyectos estatales, es simpatizante y militante de Unidos por una Nueva Alternativa, agrupación del disidente peronista Sergio Massa, que aunque representa el centro político fue en su momento jefe de Gabinete de la actual presidenta Cristina Fernández.

Está en una línea similar Reynaldo Apaza, paceño con 30 años en esta parte de la cuenca del Río de la Plata, actualmente director de radio Panamericana en la popular Villa Lugano, por cuyos estudios pasaron artistas de la talla de los Kjarkas.

Apaza exseguidor de la agrupación Cambiemos de Mauricio Macri, que en su condición de jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires señaló como un problema la “inmigración descontrolada” a la que vinculó con la delincuencia y el narcotráfico.

En ese entonces, varias voces se pronunciaron en contra de sus declaraciones, a las que calificaron de xenófobas, entre ellas las del propio consulado boliviano.

Fue, entre otras, la razón por la que Apaza se apartó del macrismo, que con Cambiemos está por debajo del oficialista Scioli por al menos 10 puntos porcentuales, según las encuestas.

Sin embargo, más allá de un plan en particular, es la propia Ley Fundamental argentina, su Constitución, la que garantiza espacio y condiciones al recién llegado, al afirmar que todos los extranjeros "gozan en el territorio de la nación de todos los derechos civiles del ciudadano".
A ello se debe, también, el incremento del 10% del padrón para este año, que sumado a la incorporación de votantes de 16 a 18 años, suma cerca de 3 millones de nuevos electores.

Poca información
Pero, entonces, cómo, a pesar de este elevado nivel de tolerancia y apertura migratoria, se explica la poca participación en los procesos electorales.

“Es la falta de información”, afirma Adriana Alfonso, coordinadora del Programa para la Promoción y el Fortalecimiento de los Derechos de Migrantes, Refugiados y Apátridas (Promira), organización que ha entregado más de 40.000 cartas en Buenos Aires informando sobre el derecho y el deber del migrante de participar en las elecciones.

“Vimos que el desconocimiento era muy fuerte cuando algunas personas que recibieron las cartas nos llamaron para decirnos que ‘ni siquiera se enteraron que podían votar’”.

La expresión estadística de esta situación es el escaso 18% de participación de los migrantes en las últimas elecciones primarias, PASO, de agosto pasado, para determinar las candidaturas para los cargos nacionales en las elecciones de octubre.

En la provincia de Buenos Aires, existen alrededor de 570.000 migrantes empadronados que están habilitados para votar, de los cuales se estima que 100.000 o más son bolivianos. El estimado se explica porque este dato no está desagregado.

Cifras arbitrarias
El manejo de cifras es aún arbitrario a momento de hablar de migración entre los líderes de los paisanos bolivianos. Para el radialista Apaza, existe más de dos millones de bolivianos en Argentina, alrededor de 800.000 en Buenos Aires y 100.000 empadronados. Para Juan Ino, los empadronados son más de 150.000. Edwin Martínez no tiene claras las cifras, pero sí está seguro de “que a más del 80% de los bolivianos no les interesa la política”.

Y en ese diagnóstico de apatía electoral coinciden todos, aunque con distintas explicaciones. Apaza hace una diferencia entre los “viejos y los nuevos migrantes”, los primeros “nos ganamos un lugar en la sociedad argentina con el sudor de nuestra frente, por eso el boliviano tiene la imagen de honrado y trabajador”; los segundos, en cambio, vienen en busca de los beneficios sociales coyunturales de los gobiernos, no buscan quedarse sino aprovechar el momento.

“Son los ‘tomatierras’ y piqueteros”, dice, refiriéndose a las personas contratadas para bloquear calles o “hacer quilombo”. “Ellos nos hacen quedar mal y son los que menos interés tienen en participar de las elecciones, porque ahora sabemos que no es suficiente ser solo honrado y trabajador”.

Para Hipólito Madariaga, que radica 27 años en Argentina, es hora demostrar el “aporte político de la comunidad boliviana”, y en ello hubo varios avances, como la puesta en marcha de escuelas de formación política. Él milita en el movimiento Evita y es responsable del área de Agricultura Familiar de su localidad, donde fundó la Cooperativa Moto Méndez para el comercialización de hortalizas.

Sin eco en las propuestas
Juan Ino introduce el tercer motivo de desinterés en las elecciones: la falta de eco en las propuestas de los candidatos, cuyas prioridades son otras, “por lo que la respuesta de los compatriotas es no participar, no tributar y sólo pensar en ahorrar y volver al país”.

Desde luego, acá cada quien lleva agua a su molino: Ino y Madariaga a favor del Frente para la Victoria de Scioli y su apuesta, entre otras, en el sector productivo; Martínez por el movimiento de Sergio Massa, y Apaza, exmacrista, aún indeciso, aunque ha puesto un ojo en la propuesta massista, centrada en la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad.
Igual de escasos y contados son los casos de bolivianos o hijos de bolivianos que participan en las justas electorales.

Martínez echa algunos nombres sueltos, aunque ninguno para la capital, Buenos Aires, y afirma que si no hay más es porque “no tenemos más nombres ni candidatos más fuertes”.

Para el escritor y periodista argentino Martín Rodríguez, al ser los problemas estructurales, las respuestas también lo son, por lo tanto temas específicos para grupos particulares no formarán parte de la propuesta visible, entre esos grupos el de los migrantes