Escucha esta nota aquí

Las fuerzas iraquíes avanzaban este domingo con prudencia en una Tikrit sembrada de bombas dejadas por el grupo Estado Islámico (EI), mientras un alto mando solicitaba el apoyo aéreo de la coalición internacional para acelerar la recuperación de esta ciudad estratégica.

"La progresión es lenta pero constante", indicó a la AFP el general Abdelwahab Al Saadi, uno de los principales comandantes de la ofensiva para retomar Tikrit, situada a 160 kilómetros al norte de Bagdad y en manos del EI desde hace nueve meses.

"Somos prudentes para no tener pérdidas inútiles", señaló aludiendo a los francotiradores dejados apostados por el EI y a las miles de bombas diseminadas por los yihadistas en toda la ciudad.

El general pidió un mayor apoyo aéreo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos para poder expulsar a los últimos yihadistas de Tikrit, lamentando la ayuda "limitada" de la aviación iraquí, no siempre lo suficientemente precisa.

"Los estadounidenses tienen equipos perfeccionados, tienen los aparatos (de vigilancia aérea) AWACS. Son capaces de localizar exactamente los objetivos" y de golpearlos con precisión, argumentó.

Según Al Saadi, la ausencia de aviones de la coalición en el cielo de Tikrit responde a motivos "políticos", por la implicación de Irán, chiita, en la ofensiva en curso sobre la ciudad sunita; la destacada presencia del poderoso general iraní Ghasem Suleimani irritaría especialmente a Washington.

Una ofensiva ambiciosa

Aunque por el momento han quedado fuera de la operación sobre Tikrit, los aviones de la coalición continúan bombardeando objetivos del EI en Irak y también en la vecina Siria, donde el grupo ultrarradical sunita se ha adueñado de extensas regiones.

La ofensiva contra Tikrit, en la que participan miles de soldados, policías, milicianos chiitas y combatientes tribales sunitas, es la más ambiciosa realizada hasta la fecha.

"Actualmente estamos reforzando nuestro control en las entradas de la ciudad, mientras el EI se atrinchera tras barricadas de sacos de arena y cava zanjas", explicó a la AFP un responsable militar iraquí.

Asegurar el control de esta ciudad es indispensable para las fuerzas iraquíes antes de dirigirse hacia el norte para recuperar Mosul, la segunda ciudad del país y principal bastión del EI en Irak.

El sábado, un portavoz de las Unidades de Movilización Popular -grupo compuesto esencialmente por milicianos chiitas- afirmó que en Tikrit quedaban menos de un centenar de yihadistas y que la ciudad caería "en los tres próximos días", declaraciones matizadas poco después por otro comandante.

Apoyo poco habitual del Vaticano

El sábado, aumentando aún más la presión sobre el grupo yihadista, las fuerzas kurdas trataban de expulsar al EI de sus últimas posiciones cerca de la ciudad petrolera de Kirkuk, más al noreste, con el apoyo aéreo de la coalición internacional.

El grupo yihadista, que decretó la creación de un "califato" islámico en los territorios que controla a caballo entre Irak y Siria, está acusado de crímenes de guerra y contra la Humanidad por las terribles exacciones cometidas en las regiones bajo su control, que incluyen decapitaciones, violaciones, raptos y limpieza étnica.

El embajador del Vaticano ante la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, dio un apoyo poco habitual al uso de la fuerza contra esta organización, al considerar que las atrocidades que comete justifican una intervención internacional.

En Siria, la guerra civil entró este domingo en su quinto año y ha dejado ya más de 215.000 muertos, según el último balance del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH). Más de diez millones de sirios han debido huir de su hogar para escapar a la violencia.