Opinión

Acerca de “lo que el pueblo decida”

El Deber Hace 12/21/2017 8:00:00 AM

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Hay dichos populares que son aceptados como dogmas, sin percatarse que ocasionalmente pueden ser mal utilizados. El momento en que surge el mesianismo político y se pretende construir un utópico ‘paraíso’, a cualquier precio, comienzan los problemas. El individualismo desmedido (o caudillismo) es una amenaza para la democracia. Lo vemos hoy en día -con preocupación-  en  Venezuela, Nicaragua, Bolivia y en lugares de Asia y África.  

El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como definió Abraham Lincoln a la democracia en su histórico discurso de Gettysburg (19 de noviembre 1863), tiene muchas facetas, alberga un conjunto de valores y principios. Entre ellos podemos citar la libertad en general, la libertad de expresión y el respeto al voto popular, siempre que sea espontáneo, libre y sin restricciones. La voluntad del pueblo es sagrada, pero debe ser una voluntad libre, no digitada o dirigida. La igualdad ante la ley, el respeto a las minorías y al disenso son otros elementos clave.

Si bien en democracia la mayoría manda, cabe el respetar siempre a una minoría que tal vez en el futuro se transforme en  mayoría y si así sucediera, ella a su vez  tendrá que tolerar a la nueva minoría. Esos mutuos respetos, sumados con la alternancia, más los sistemas de control y equilibrio de poderes, son algunos (no todos) de los valores básicos de la institucionalidad democrática, que en definitiva no solo es una forma de gobierno, sino un estilo de vida. No cabe aquí  mencionar trivialidades tipo  ‘democracia comunal’ o mayorías que pretenden ser absolutistas. La democracia es una sola, lo contrario es dictadura, la que tiene variados matices pero, al final,  sea cual sea el disfraz del lobo, seguirá siendo siempre lobo.

“Lo que decida el pueblo” vale cuando esa decisión es espontánea y sobre la base de las leyes de un estado civilizado. Pretender que la frase sustituya normas y hasta el voto soberano es antidemocrático. Varios tiranos  han repetido esas palabras que solo les sirvieron para justificar trapisondas. Idéntico camino recorre Bolivia ahora, con una democracia herida por la sumisión de los órganos Legislativo y Judicial al Ejecutivo. Insistir en “que el pueblo decida”  tiene sabor ‘trucho’.

El pueblo ya decidió y su veredicto fue concluyente: no más reelecciones continuadas del mismo candidato. Un verdadero estadista, al subordinarse a la ley,  sí ‘obedece al pueblo’. Ojalá se recapacite y cambien actitudes reñidas con la ética y la Constitución; urge retornar a la democracia que Bolivia recuperó el 10 de octubre de 1982.