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Pocas son las personas voluntarias que trajinan sin que nadie les pague ni reconozca su labor en defensa de los derechos de todos. Menos mal que en Santa Cruz hay muchas instituciones de voluntariado que se preocupan por los derechos colectivos fundamentales establecidos en la Constitución; salud, educación, servicios básicos, medioambiente y menos mal que esta Constitución ya no solo contempla el derecho a la vida de los seres humanos si no también de otras especies vivas del planeta.

Es repetitivo y hasta cansador indicar la importancia de los árboles en las ciudades, el rol fundamental que juegan en la fábrica de agua (ciclo hidrológico), la limpieza y calidad del aire, la formación de cortinas rompevientos, mitigan y absorben el dióxido de carbono y además son las casas de otras especies vivas del planeta. Entonces no es cuestión de ser ‘verdes’ o ‘jipis’ o "estar contra el desarrollo de las ciudades". Es nada más ilustrarse un poco y bajar del pedestal de ‘lo sé todo’, sin saber nada respecto al equilibrio ecológico que nos mantiene con vida. 

Que todas las ciudades crecen y que nadie compra un terreno para contemplar los árboles sino para construir, es una verdad que se cae de madura. Pero hay normas que no pueden ser atropelladas para después pagar una multa ínfima y salirse con la suya; es mucho abuso contra la ciudad y contra todos nosotros y las generaciones venideras. Parecemos sordos cuando se nos advierte de que en 10 años tendremos escasez de agua. No importa, total importamos ‘levian’ hasta para bañarnos y seguimos arrasando con el bosque urbano. Ni qué decir el rural, ni cortinas rompevientos dejaron. 

El Colectivo Árbol es una de las pocas plataformas ciudadanas que se dedican a la defensa de los árboles. He tenido criterios encontrados con algunos de sus miembros cuando se critica a autoridades sin particularizar, en lugar de articular fuerzas, pero también he sido testigo de la necia actitud de algunas autoridades que cierran las puertas a las alianzas y redes por la vida.  

Sería una torpeza negar el aporte importante y fundamental para la ciudad del Colectivo Árbol. De las pocas plataformas ciudadanas sin ataduras político partidistas y ojalá alejadas de influencers de redes cuyo único aporte es el insulto y aplazar toda iniciativa, "si no es mía". Esos ‘gurus’ de "lo sé todo". 

Es así que me parece un hecho burdo, bajo, mediocre que el tratar de evitar la tala de un motoyoé de cerca de 40 años de edad, desencadene en el absurdo de que miembros de este colectivo sean acusados por el talador (autorizado y certificado para talar); de allanamiento de domicilio y asociación delictuosa y lo peor, que esta demanda insólita haya sido admitida y que se haya iniciado un proceso de no sé cuántas audiencias realizadas en un escritorio de 3 x 4 metros, porque siempre el salón de audiencias estuvo sucio, con desperfectos eléctricos y no sé qué más, para impedir la presencia de ciudadanos, familia, amigos de las víctimas de semejante caso, fuera de toda coherencia y sobredimensionado. ¡Qué diligencia! ¡Qué rapidez! ¡Qué determinación en menos de 15 minutos! #QuéJusticianga

Ahora los que defienden los árboles tienen medidas cautelares. Arraigados y con la obligación de ir a firmar un libro para no escapar del país y prohibidos de acercarse a la ‘víctima’. No, no al árbol porque ese ya cayó, sino al talador que se encuentra “afectado sicológicamente”.

Si esto es justicia. Si estas son las autoridades que tenemos administrando la justicia; ya lo hemos escrito mil veces; es una barbaridad. 
Mi apoyo a todos los jóvenes del Colectivo Árbol en un 100%. ¡Sigan adelante! 

Eran 4 motoyoés. Eran. Ya han sido talados conforme a no sé qué procedimientos y con certificación sellada, oleada y sacramentales de no sé qué autoridad ‘delegada’. Pregunto ¿No será que debemos proteger los dos totaíses y el toborochi de nuestro escudo cruceño? A este paso lo serruchan con certificado y todo.