Opinión

La imposición de la mentira

Maggy Talavera Hace 10/7/2018 8:00:00 AM

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Sería incorrecto afirmar que la mentira es un invento de la cúpula política que gobierna hoy a Bolivia. No lo es. De verdades y mentiras están llenas las historias de la humanidad. Lo que sí se puede sostener cada vez con mayor firmeza, dada la abundancia de ejemplos que nos proporcionan las actuaciones de esta cúpula gubernamental, es que ella pasará a la historia como una de las más alentadoras del culto a la mentira. Un culto al que ceden con facilidad no solo los militantes convictos del mal llamado “proceso de cambio”, sino también quienes se dicen ajenos y hasta contrarios al masismo/evismo.

Así lo demuestran las reacciones vistas luego del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que negó validez a la demanda del Gobierno de Bolivia de obligar al de Chile a negociar un acceso soberano al Pacífico. Fue impresionante ver cómo, de pronto, muchas voces se sumaron al coro oficial que pasó de un triunfalismo manipulador a un lloriqueo también manipulador frente a una decisión inapelable y también contundente, dados los 12 votos contra tres a favor del fallo. Fue como si de pronto hubiera habido una especie de amnesia casi colectiva, que borró de la memoria los antecedentes de la acción del MAS

Una acción que estuvo marcada por un interés político y electoral del Gobierno central, y a la que este apostó casi todas sus fichas, confiado tal vez de que podría lograr imponer en el ámbito internacional lo que está cansado de conseguir en Bolivia: su voluntad por encima de leyes y normas, generando una grave distorsión en materia de derechos y unas imperdonables sentencias injustas. Nada de qué extrañarse, si recordamos lo dicho por el presidente Morales ya en 2006: “Por encima de lo jurídico, es lo político (…) cuando algún jurista me dice: Evo, te estás equivocando jurídicamente, yo le meto nomás. Después les digo a los abogados: si es ilegal, legalicen ustedes, ¿para qué han estudiado?”

Una mayoría se escandalizó entonces al oír decir a Morales semejante aberración. Pero no todos lo hicieron, es cierto. Al final de cuentas, ya se sabía que en el país había nomás una marcada tendencia de la gente a “meterle nomás”, aun sin tener a abogados que les allanaran el camino legalizando lo ilegal. El problema ahora es que ese menosprecio por lo legal parece haber sobrepasado todos los límites, al extremo de ver que incluso viejos defensores de la legalidad esgrimen ahora argumentos que no son más que artificios para alentar la ilegalidad. Uno de ellos, negar validez al fallo de la CIJ por ser “conservador” y no “vanguardista”. O sea, quieren hacer creer que “meterle nomás” es ir a la vanguardia.

Detrás de la manipulación de esos conceptos están quienes alientan el culto a la mentira. Lamentablemente, unos alentadores que no están apenas en el Gobierno central, sino también en todos los otros niveles de Gobierno y en las diferentes élites de la sociedad boliviana. Esto es lo preocupante: la mentira es cada vez menos la excepción, y más la regla. Da para graficar nuestra realidad con la teoría de las ventanas rotas, elaborada por James Wilson y George Kelling, sobre la base de un experimento realizado en 1969 por el sicólogo Philip Zimbardo: la cúpula gubernamental es el carro abandonado o el edificio de ventanas rotas, que alienta el destrozo de la escasa institucionalidad construida en sus menos de dos siglos de vida republicana.

Un destrozo al que cada día se suman más oportunistas, hábiles en la caza de incautos a los que necesitan para consolidar sus propios reinados, construidos también echando mano del culto a la mentira. Vaya “legado” que dejará este Gobierno.