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Tras una ardua tarea, los rescatistas lograron encontrar ayer por la mañana los cuerpos de tres personas que se ahogaron en Punta de Rieles, del río Yapacaní, a unos 80 kilómetros del San Juan. Se trata de los restos de Marlen Mirabal, de tres años de edad, y de los profesores Luis Santos Colque, de 27 años, y Lizbeth Condori Cartagena, de 25.
El primer cuerpo sin vida hallado fue el de la pequeña Marlen, quien, junto con su hermano de un año y su madre, viajaba en la canoa de madera, que por sobrecarga se volcó en el cruce entre los puertos de Punta Rieles y Boquerón Zamora, en la jurisdicción de los municipios de San Juan y Yapacaní, provincia Ichilo.

A las 7:00 se hallaron los restos de Lizbeth Condori y cuatro horas después los de Luis Santos; estos se encontraban en estado de descomposición y fueron trasladados a la morgue de Yapacaní. Según el responsable del COE municipal de Yapacaní, Remberto Merlos, los profesores fueron encontrados a dos kilómetros y medio de donde se volcó la canoa.

El acceso al lugar es intransitable porque las vías se encuentran totalmente destruidas y para llegar se tarda aproximadamente cinco horas.

Según las investigaciones, en la canoa de madera viajaban 18 personas, de las cuales 13 lograron salvar sus vidas nadando hasta la orilla.

Según Merlos, las personas aún desaparecidas son Toribia Arancibia, de 35 años, y su hijo Johnatan Mirabal, de un año. Hasta anoche los brigadistas continuaban buscando los restos de estos náufragos.

Dolor, pobreza y dificultades
El cuerpo de la pequeña Marlen fue recuperado a un kilómetro aguas abajo del lugar del accidente.

Las tareas de búsqueda del resto de los desaparecidos se dificultan por la copiosa lluvia intermitente que cae sobre la zona y por el deterioro de los caminos que demoraron la llegada de los grupos de rescate, además que los sistemas de comunicación no funcionan en esta zona.

En el lugar del accidente al dolor de la pérdida de estas personas se suma la triste realidad de las familias dolientes, al punto que los pobladores debieron improvisar con tablas, la tarde de este miércoles, un ataúd para enterrar a la pequeña Marlen.

La logística de las tareas de rescate es apoyada por el gobierno municipal de Yapacaní, que dispuso recursos económicos para solventar los gastos de alimentación y combustible de los rescatistas