Escucha esta nota aquí

La revuelta tuvo sus inicios en los años 50 en Estados Unidos a consecuencia de la discriminación de la población negra. Recién en el segundo quinquenio de la década siguiente, los disturbios estudiantiles llegaron a Europa, particularmente a Alemania y a Francia, como también a México.

Así, la rebelión se generalizó a partir de motivaciones muy diversas. A diferencia de Estados Unidos, el malestar en Francia comenzó cuando estudiantes de Nanterre protestaron por el estado precario de aulas, edificios y residencias estudiantiles; siendo el detonador la amenaza de relegación a un estudiante. En Alemania por lo sucedido durante el nacionalsocialismo, porque se dio empleo a ex jerarcas nazis (en muchos casos en cargos  elevadísimos), debido a la enajenación entre padres e hijos después de 1945 (el silencio de aquellos respecto al pasado reciente), así como la escasa, hasta ninguna, importancia dada al periodo 1933-1945 no solo en los colegios, sino también en los semestres superiores universitarios. 

Si bien el proceso de radicalización de los movimientos estudiantiles tuvo por rasgo común su rechazo a las enraizadas estructuras oligárquicas del cuerpo docente, hubo evidentemente motivos específicos en los distintos centros de enseñanza superior. En Estados Unidos fue la explosión racista en septiembre de 1964 con un saldo de seis asesinados; el asesinato de Martin Luther King dos años más tarde; la explosión de violencia en la Kent State University (Ohio) después de que el presidente Nixon anunció que su Gobierno bombardearía Camboya (saldo cuatro muertos y nueve heridos). En Francia fueron las amenazas o medidas de represión contra los estudiantes (del 10 al 11 de mayo de 1968 se produjo uno de los enfrentamientos más violentos desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial).

En Alemania, los procesos contra connotados líderes nazis en 1961 y 1963, que revelaron a un amplio público y, sobre todo, a la joven generación lo acontecido en los años del nacionalsocialismo; el asesinato por un policía, en 1967, de un estudiante durante una manifestación en Berlín; el atentado contra el líder estudiantil alemán más destacado a manos de un militante de derecha en abril de 1968. En México lo fue la represión constante del Gobierno en el correr de ese año, que culminaría en la masacre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Cabe, finalmente, mencionar otro importante rasgo diferencial.

En ninguna otra parte se desarrolló un hedonismo, una cultura hippie como en California durante los años 60 y 70 (consumo de drogas, happenings, amor libre). No obstante, en el correr de la década de los 60 las diferencias señaladas dieron paso a importantes rasgos comunes. En los centros universitarios europeos más importantes se establecieron ‘Universidades Críticas’ con programas de luchas antiimperialistas y de la clase obrera; se pasó a concebir a la juventud académica como motor revolucionario; expandió la rebelión contra las fuerzas del conservadurismo y tradicionalistas e, inspirados en el ejemplo dado por universidades norteamericanas, se propagó en muchas de las de Europa occidental el  "go in", el "teach in", el "seat in". De importancia aún mayor llegó a ser la común crítica al sistema capitalista y, sobre todo, la abierta injerencia, cada vez más brutal, de Estados Unidos en la guerra de Vietnam a partir de 1964. 

La fragmentación y desintegración de la rebelión estudiantil tuvo sus inicios a fines de la década de los 60 debido, entre otros, al carácter temporal del estudio universitario, a importantes manifestaciones de solidaridad para con los estudiantes por parte del establishment político y por no haber podido arraigar en el seno de otras clases sociales, particularmente del movimiento obrero. Con ello, el estudiantado tradicional empezó a perder la importancia de otrora, convirtiendo a más de un estudiante en chofer de taxi.

La rebelión estudiantil influyó de manera determinante en notorios cambios que habrían de darse no solamente en las universidades, sino también en amplios sectores de la juventud. Originó un nuevo ímpetu de vida, innovadoras formas de realización y emancipación personales y, sobre todo, dio importantes y duraderos impulsos a la democratización de casi todos los países mencionados.