Escucha esta nota aquí

Julieta Escóbar (34) dio a luz a dos niñas y a un varón: Verónica, Brenda y Bryan. Ya le estaban por cerrar la cesárea tras el alumbramiento de los dos bebés que en Mairana le habían anticipado que vendrían, cuando los médicos de una clínica de la ciudad se dieron cuenta de que había una tercera criatura.

Que sea una sorpresa el embarazo múltiple de Julieta es una reiterada anécdota en nuestro medio. Los médicos que terminan atendiendo estos partos, sin haber sido quienes le hicieron seguimiento, señalan a la falta de controles prenatales adecuados como la principal causa. Este tipo de falta de información tan importante podría conducir a un desenlace no tan afortunado como el que tuvo Julieta. Por todo esto y más, la Organización Mundial de la Salud (OMS) está empeñada en que haya una mejor atención prenatal. “Hay que situar a las mujeres al centro de la atención, mejorar la experiencia que tienen del embarazo y garantizar que los bebés tengan el mejor comienzo posible en la vida”, pidió Ban Ki-moon, ex Secretario General de las Naciones Unidas.

La OMS concibe un mundo en el que todas las embarazadas y recién nacidos del mundo reciban una atención de calidad durante el embarazo, el parto y el periodo postnatal y pone la lupa en que la atención prenatal puede salvar vidas. En Bolivia, la mortalidad materna es de 160 por 100.000 nacidos vivos, según el estudio nacional post censal de 2011.

Qué es el control prenatal

La atención prenatal es la asistencia prestada por profesionales de salud capacitados a las embarazadas, con el objeto de garantizar las mejores condiciones de salud para la madre y también el bebé durante el embarazo.

Nuestra realidad

Durante el feriado de Carnaval el secretario municipal de Salud, Paúl Cortez, informó de 140 nuevos nacimientos entre partos normales y cesáreas, incluso con casos de gemelos y trillizos.

En más de una ocasión, el director de la maternidad Percy Boland Federico Urquizo declaró que al hospital de tercer nivel que dirige llegan casos que revisten peligro y que las madres no tuvieron control prenatal alguno, ya sea porque se trata de embarazos en adolescentes o porque falta la cultura de cumplir con estos chequeos.

Sobre el tema, Mario Arano, con tres décadas de experiencia como ginecólogo y como actual director del hospital municipal de la Villa Primero de Mayo, calcula que un 60% de las pacientes que llegan para dar a luz lo hacen con apenas dos o tres controles (en ese hospital que funciona desde 2014 se han dado unos 21.000 nacimientos), cuando deberían ser nueve (uno por mes) como mínimo.

Para qué sirve

Hacer los controles prenatales disminuye factores de riesgo y permite detectar problemas de salud en la madre y el bebé. El primer control prenatal se debe dar entre las ocho y 12 semanas de embarazo. En esta primera consulta se elabora la historia clínica de la madre y se realizan los estudios de laboratorio necesarios como hemograma completo (recuento sanguíneo de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas); hematocrito y hemoglobina (para detectar si hay anemia); grupo sanguíneo y factor RH (para detectar si madre y feto tienen o no el mismo grupo de sangre; en caso de que uno sea RH positivo y el otro RH negativo hay cuidados que se deben tomar); glucosa (cantidad de azúcar en la sangre); VDRL (para diagnosticar la sífilis); chagas (si la madre tiene esta enfermedad se la podría transmitir al bebé); test de Elisa (para saber si la madre tiene sida); toxoplasmosis (de existir este parásito podría ocasionar aborto espontáneo o que el bebé presente anomalías congénitas); hepatitis; ecografía y electrocardiograma.

Arano identifica como mayor índice de riesgo para alumbramientos prematuros a las infecciones urinarias y las enfermedades de transmisión sexual (ETS), peligros que deberían detectarse tempranamente en los controles .

En los demás controles se sigue monitoreando los latidos del corazón del bebé, la presión arterial de la madre, la altura uterina (tamaño del bebé) y otros.

Arano señala que en nuestro medio el problema es que hay demasiados embarazos no deseados o no planificados, porque no hay educación sexual en el hogar ni en los colegios, por lo tanto, estas madres no se realizan a tiempo ni en su totalidad los controles. Acusa también a la dejadez de las embarazadas que no cumplen con estas consultas y a que en el primer nivel de atención en salud no se le hace el seguimiento adecuado, lo que deriva en que estas lleguen complicadas al segundo y tercer nivel de atención.

“Una mujer que acaba de saber que está embarazada debe dirigirse al primer nivel de atención con algo que acredite que esté en cinta, puede ser una ecografía, una prueba de sangre u orina. A partir de ahí es recibida con atención de consultas, vitaminas, ecografías y laboratorios gratis”, explica.

También complementa que se recomiendan tres ecografías a lo largo del embarazo y, en casos especiales, por algún problema médico, se pueden hacer más. “La primera se realiza entre las ocho a 12 semanas de gestación que permitirá definir si se trata de un bebé, dos o más, además se hace la translucencia nucal que permitirá saber si habrá alguna anormalidad en el feto (antes de las 12 semanas). La segunda se hace a las 20 semanas para ver si cerró toda la columna (de lo contrario el bebé nacerá con problemas para caminar) y la tercera se hace entre las 37 y 38 semanas para confirmar si ya está madura la placenta y el bebé está pronto a nacer y si va a necesitar oxígeno o terapia intensiva. La idea es evitar a toda costa que le falte oxígeno (que provoca parálisis cerebral)”.

En el apogeo de las nuevas tecnologías de la información, internet y las redes sociales sigue faltando la conciencia sobre la importancia de los controles prenatales, base de un embarazo y alumbramiento exitoso.

Urge que dar a luz no sea un acontecimiento librado a la suerte.