Opinión

Cambios e interrogantes en la Cancillería

El Deber 8/9/2018 04:00

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Evo Morales posesionó al ahora ex embajador boliviano ante la Organización de Estados Americanos (OEA) Diego Pary Rodríguez, como nuevo canciller en reemplazo de Fernando Huanacuni. Según el mandatario, el cambio fue de urgencia en función de los “nuevos tiempos” y de los “desafíos” próximos. La alusión al esperado fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con respecto a la demanda boliviana contra Chile fue clara. Cabe agregar que, más allá del tenor final de la sentencia que la CIJ emita, se abrirá para Bolivia una etapa decisiva en su relación con Chile, la que tendrá que manejarse con alto profesionalismo y prudencia en función de estrategias negociadoras de alto nivel.

Pero las cosas en el campo bilateral no andan bien. Últimamente Chile descartó la venida de su delegación a Bolivia para una reunión del Comité de Fronteras, alegando que “no estaba dado el ambiente para una reunión productiva”. Por su lado, Pary convocó al cónsul chileno para entregarle una nota de protesta por dicha suspensión.

En este marco, de suyo enrarecido, los problemas portuarios en Arica se han agudizado, perjudicando a transportistas nacionales y generando opiniones encontradas, a lo que debe agregarse la demanda por el Silala presentada por Santiago y la contrademanda de Bolivia. No debemos dejar de lado, además, la situación embarazosa creada por haber sido encontrado in fraganti en acciones de contrabando uno de los nueve “mártires” detenidos el año pasado en Chile y que el Gobierno del MAS se apresuró a condecorar en lugar de estudiar objetivamente el caso.

La reincidencia, lamentablemente, parece demostrar que la acusación chilena de ese entonces tenía fundamentos, por lo menos con respecto al ciudadano boliviano ahora nuevamente en prisión. Los intercambios verbales del presidente boliviano con su par chileno tampoco son aconsejables, generan más problemas que beneficios. Todos estos puntos de fricción deben allanarse si verazmente se pretenden entendimientos constructivos.

La relación global con Chile se ha deteriorado en los últimos tiempos. Urge cambiar esta situación, sin de ninguna manera renunciar a nuestra legítima reivindicación marítima, pero sí teniendo en cuenta el marco de los vínculos a lo largo de 900 kilómetros del límite territorial que nos separa y a su vez nos une. Las fronteras -ya lo hemos dicho antes- deben ser puntos de encuentro y conciliación, no de conflictos.

Crear un clima apto para negociaciones será tarea vital del nuevo canciller ¿Lo conseguirá? Así lo deseamos, pero ante el escaso profesionalismo y la alta politización del Ministerio de Relaciones Exteriores, a la ciudadanía le queda una inquietante duda.