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La ejecución de un dirigente chiita en Arabia Saudí intensificó este domingo las tensiones en Oriente Medio, en particular en Irán, donde manifestantes indignados atacaron la embajada saudí y el poder advirtió a la dinastía Al Saud de una "venganza divina".

El ajusticiamiento del clérigo Nimr Baqer al Nimr, figura de la oposición al régimen de Riad, provocó la ira de las comunidades chiitas de Arabia Saudí, Líbano, Baréin, Yemen e Irak.

La ONU, Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Alemania y Francia expresaron también su preocupación y temen una intensificación de las tensiones entre chiitas y sunitas en la región, manifiestas en el conflicto sirio y en la guerra de Yemen.

El líder chiita de 56 años fue ejecutado el sábado junto a otras 46 personas, entre ellas un chadiano y un egipcio, condenadas por "terrorismo". La mayoría eran yihadistas del grupo Al Qaida.

"Sin ninguna duda, la sangre injustamente derramada de este mártir tendrá sus consecuencias y la mano divina lo vengará de los dirigentes saudíes", advirtió el domingo el guía supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

Horas antes, la noche del sábado, cientos de personas encolerizadas atacaron con cócteles molotov la embajada de Arabia Saudí en Teherán. "El fuego destruyó el interior de la embajada", declaró a la AFP un testigo. El consulado saudí en Mashhad (noreste) también fue atacado.

El fiscal de Teherán anunció la detención de 40 manifestantes y de otras cuatro personas en Mashhad.
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