Opinión

2019: dopaje vs juego limpio electoral

El Deber Hace 1/3/2019 8:00:00 AM

Hace unos días Evo Morales declaró que su inhabilitación electoral sería comparable a que, en un campeonato mundial de fútbol, Argentina juegue sin Messi o Portugal sin Ronaldo. ¡Vaya arrogancia narcisista y comparación desafortunada, ignorante en materia de principios técnicos y éticos que rigen toda competencia deportiva! Dudo que quien propinó un memorable y abusivo rodillazo presidencial a su oponente en cancha pueda entender el sentido de estas líneas.

La habilitación forzada de Evo y las condiciones desiguales que rodean la competencia electoral de octubre de 2019 transgreden la reglamentación de todo código de ética deportiva sancionado por organismos que velan por la justa y sana administración de estos eventos. En sentido figurado afirmo que Evo Morales ingresó a la contienda ‘dopado’. Según el Comité Olímpico Internacional, el dopaje consiste en “la administración o uso por parte de un atleta de cualquier sustancia ajena al organismo o tomada en cantidad anormal o por una vía anormal, con la sola intención de aumentar en un modo artificial y deshonesto su desempeño en la competición”.

Me explico. El régimen alteró las reglas de un juego limpio, usa y abusa de los recursos públicos con fines proselitistas apropiándose impune y festivamente del patrimonio de los bolivianos. ¿No es acaso el incremento sistemático del presupuesto del Ministerio de Comunicación y de la Presidencia aprobado para este 2019 comparable a la ingestión irregular de esteroides anabólicos, que, de manera artificial, incrementan la musculatura del MAS para resistir esta prueba de resistencia de largo aliento?

Es previsible que poco o nada hará el Órgano Electoral para garantizar transparencia del proceso o prohíba la presencia y la imagen del caudillo benefactor en actos y propaganda de obras gubernamentales. “El 2019 el pueblo elegirá entre el camino del progreso y desarrollo con Evo o el camino oscuro y triste”, ha sentenciado García Linera falseando la realidad y manipulando miedos.

La inversión en anabólicos es creciente y proporcional al crecimiento de la ilegitimidad y descrédito de la palabra y obra del binomio presidencial. Su rendimiento es decreciente. Ocurre cuando las señales de alerta en materia económica están encendidas, aunque camufladas por la pirotecnia electoral. “Un día los anabólicos desaparecerán o disminuirán, entonces el queque se desinflará y como no se han trabajado las piernas productivas, la economía volverá a tambalear”, sentenció hace años Gonzalo Chávez. El desgaste es inocultable. Por eso y mucho más, la realidad nos compromete a denunciar el juego sucio, controlar el voto en mesa y superar la condición de meros espectadores de tanta impostura y aparente fortaleza. ¿Será 2019 el final del doping y la parafernalia populista?