Escucha esta nota aquí

Majarapa’i significa pampa grande en el idioma moxeño-trinitario, y es el nombre que eligieron un grupo de jóvenes benianos para incentivar la cultura en la capital de su departamento. El grupo lo integran Ricardo Gutiérrez, Maríangela Bravo, Guillermo Nogales, Pedro García y Sergio Quezada, jóvenes de distintas profesiones y oficios.

En Trinidad, como en otras ciudades nacionales, el apoyo a las actividades e iniciativas culturales es escaso o nulo; la Casa de la Cultura del Beni, por ejemplo, no recibe un centavo de la Gobernación ni de la Alcaldía municipal; subsiste gracias al alquiler de sus espacios y al mecenazgo de su presidenta, Yulita Natusch, que la preside desde hace varios años. Recuerdo que hace algún tiempo llegó un artista radicado en el exterior y se quejó de la indiferencia de las autoridades benianas, contó que en el país donde él vivía la cultura tenía mucho apoyo y que era inaudito que nadie hiciera nada por el departamento. Se le explicó que los dirigentes de la Casa de la Cultura se habían cansado de exigirles apoyo sin obtener respuesta alguna; el artista, soberbio, dijo que hablaría con las autoridades locales, por supuesto que ni siquiera lo recibieron.

Un día después se lo invitó a participar en una actividad solidaria para recaudar fondos para la Casa de la Cultura, se excusó diciendo que tenía una cena y se fue con sus críticas a otra parte. Algunos solamente sirven para criticar y no aportan en nada a la solución de los problemas.

En este panorama es que los jóvenes de Majarapa’i decidieron hacer algo. Son conscientes de las debilidades institucionales y saben que su mayor fortaleza radica en la voluntad de hacer algo. Ya organizaron un concurso de fotografía, están proyectando una editorial y una revista para publicar sus textos y los de otros jóvenes escritores, además de conversatorios y seminarios.

Hace una semana me invitaron a Trinidad a dirigir un taller de literatura y, con mucho gusto, dejé lo que estaba haciendo y viajé a apoyarlos; participaron niños, jóvenes y adultos, todos ellos con ganas de conocer las técnicas literarias, fue una grata experiencia. Sé que el Estado boliviano, en sus tres niveles –nacional, departamental y municipal–, tiene la obligación de apoyar el arte y la cultura; algunos hacen lo que pueden y otros nada, también sé que si yo puedo aportar a cambiar las cosas en nuestra sociedad, desde el lugar que me toca hacerlo, lo haré con mucho entusiasmo para crear una sociedad tolerante y pacífica.