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La puesta en venta del "Cirque du Solei", ícono mundial de este género, suscitó una gran polémica en Quebec, donde la clase política demandó hacer todo lo posible para evitar que una de las joyas culturales de Canadá pase a manos extranjeras.

Presente en todos los continentes, con numerosas giras de sus 1.300 artistas y sus muestras permanentes principalmente en Las Vegas, el Cirque du Soleil trajo el renacimiento de este tipo de espectáculos después de tres décadas bajo el liderazgo de su fundador y propietario, el quebequense Guy Laliberté.

Pero a medida que crecía su éxito, el Cirque du Soleil se convirtió en una empresa con los riesgos inherentes a los negocios, entre otros el desafío de tener ingresos suficientes para garantizar los salarios de 4.000 miembros y el funcionamiento de la carpa.

"En junio pasado, Guy Laliberté anunció su intención de buscar un socio estratégico. Ese proceso está en curso en este momento y es muy largo", indicó el miércoles la portavoz del circo, Renée-Claude Ménard, aunque no quiso confirmar si las ofertas de compra debían ser presentadas la semana siguiente.

El 90% del capital de la compañía está en manos de Laliberté, quien fundó en 1984 este célebre grupo valorado en 2.000 millones de dólares, y el porcentaje restante está en poder de fondos de inversión de una inmobiliaria de Dubai.

Laliberté habría indicado a los potenciales compradores su intención de conservar sólo el 10% de su participación, generando reacciones en toda la la clase política del país, que pide mantener la empresa en el regazo de esta provincia francófona.

El jueves, el primer ministro de Quebec, Philippe Couillard, dejó entrever su intención de decirle a Laliberté que "para los quebequenses, para el gobierno y para el conjunto de partidos políticos (...), es muy importante que no solamente la sede social permanezca en Montreal, sino que las actividades clave, incluidas las creativas, también se queden en Montreal".