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Cuando Silvio Rodríguez escribió El Necio, lo hizo sin saber cuándo ni a quién le iba a ir, como guirnalda de coca en el cuello, la protesta tan certera. Veamos:

Para no hacer de mi ícono pedazos

Para salvarme entre únicos e impares

Para cederme un lugar en su parnaso

Para darme un  rinconcito en sus altares

Me vienen a convidar a arrepentirme

Me vienen a convidar a que no pierda

Me vienen a convidar a indefinirme

Me vienen a convidar a tanta mierda

Qué otra cosa que no sea la graficación de ese texto representa aquella invitación a los expresidentes a viajar a La Haya y, cuando aceptaron se los aduló, se los respetó en sus ideologías como muestra de un amplio sentido democrático y se habló de la necesaria unidad; por último, hasta se los llamó hermanos. Todo eso hasta que se les cayó el barniz. El ‘buenismo’ les quedó corto, más pudo el ánimo confrontador, más pudo el deseo de ‘mostrarse vencedor’ y, como era de esperarse, ‘él y su regimiento de trolls’ cargaron contra todos y cada uno de sus “hermanos” en sus tuits y, don Jaime Paz, que mostró habilidad política, es decir que aceptó, sabiendo que en la primera agresión debía salirse del avión, se ofendió con justa razón por las agresiones, insultos e imprecisiones de los textos y se bajó, lo que hizo que aquello de:

“Para no hacer de mi ícono pedazos

Para salvarme entre únicos e impares

Para cederme un lugar en su parnaso”

Repárese, se ‘destacó el valor de la unidad y la democracia, el que cada quien sea libre de pensar, se los salvó y no se hizo del ícono personal (posición política, gestión de gobierno) centro de ataque alguno, ante la ‘claque’ (pagados para hacer de corifeos) que sigue lo que diga el jefazo. Y lo que era mejor, al cederles un sitio en el avión, se les daba un lugar en su parnaso (entiéndase la casa de los dioses), un ‘rinconcito en los altares’, la portada de Cambio: Todos por la causa marítima con Evo. Esa es una muestra de que se les cedía un espacio que luego representaría una especie de sumisión o de declaratoria de vencidos, porque en algún momento estuvieron encolumnados detrás de lo que pensó y planificó ‘él’.

No se los convidó a arrepentirse porque ‘se respetó el disenso’ y con ello el poder se aseguraba ‘a los vencidos en sus rincones’. Sin embargo, no le salió del todo bien, porque tras de lo de Jaime Paz, la verdad de las intenciones salió a flote y el ‘vice’, ‘él’ montaron en cólera y, como dice Silvio, cumplió ese simbolismo tan bien escrito que dice:

“Dicen que me arrastrarán por sobre rocas

Que machacarán mis manos y mi boca

Que me arrancarán los ojos y el badajo”

Siguió ‘él’, con Tuto Quiroga, a quien llamó agente de Trump, desestabilizador y no sé qué otras linduras, porque osó entrar a Cuba, ser rechazado por el Gobierno de la isla y decirlo. Ahí sí “los hermanos” no son tanto, porque ‘él’ no aguanta que se metan con su madre patria grande. Y todo volvió a ser como era.

Hasta que este artículo se escribe, Tuto sigue en el avión (ojalá, si no se baja, use el espacio en La Haya para reclamar por el 21-F; allá, lejos, donde le duele al poder) y los otros, digamos que don Carlos Diego tiene oficio de representación desde hace rato y don Rubén está ahí… en el rinconcito del altar… en el parnaso del autócrata… sabrá él…

Dije en mis programas y lo dejé escrito, que no iba a pasar mucho tiempo para que se acabe el “buenismo” (no pueden con su genio) y todo vuelva a ser lo que conocemos.

… debe ser que hasta en eso me identifico con Silvio y digo: “Yo me muero como viví”… ya estoy viejo para cambiar y agachar la cabeza.