Opinión

¡Pare de sufrir! A surfear en otros mares

Hace 10/7/2018 6:39:00 PM

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El resultado de la Corte de La Haya es una de las derrotas más duras de la diplomacia boliviana desde 1904. Con hidalguía, valentía y autocrítica se debe aceptar el resultado. Por supuesto, las responsabilidades históricas y políticas también deben ser asumidas. Entretanto, vivido el duelo y sanadas las heridas, esta es una gran oportunidad para hacer una inflexión significativa, no solamente en la política exterior boliviana en relación con Chile, sino en nuestro concepto de política internacional. Esta es una gran ocasión para repensar nuestra inserción en el mundo a partir del modelo de desarrollo.

Asistimos al final varios ciclos políticos. Desde hace más de 100 años, la política exterior boliviana sobre el tema marítimo se basó en el multilateralismo. El enclaustramiento nacional era una herida latinoamericana que el concierto internacional debía reconocer y apoyar. Su solución debía gestarse con la solidaridad de muchos países, en el marco del derecho y las instituciones internacionales. Chile siempre sostuvo que era un problema bilateral. El último acto de multilateralismo fue iniciar el juicio en la instancia de justicia más alta del sistema internacional. Con el resultado de La Haya está prácticamente cerrada.

Asimismo, la política exterior era monotemática. La recuperación del acceso soberano al mar tenía primacía sobre otros temas y condicionaba todas nuestras relaciones internacionales en otras áreas. Esto no debería ser más así, necesitamos una visión y acción más integral.

También la causa del mar era un gran ordenador y legitimador de la política interna. Se usó y abusó de esto, se crearon héroes instantáneos y villanos eternos. La última víctima de la Medusa marítima fue Evo, que miró a la hija de Zeus para robarle la divinidad, pero esta lo convirtió en un candidato de estatua de sal. Pero también se debe reconocer que el tema marítimo unifica a los bolivianos. Es lo parecido que tenemos a una política de Estado que debe proyectar a otras áreas.

El tema del mar siempre ha sido visto un objetivo en sí mismo, era sinónimo de desarrollo, debíamos volver a los puertos del progreso como condición para tener una mejor economía. En términos simbólicos, la causa marítima dividía a la sociedad entre patriotas y traidores a la hora de pensar en salidas. La recuperación de la soberanía territorial era la condición innegociable. Los que osaban hablar de otras alternativas de soluciones intermedias recibían el mote de antipatrias, prochilenos y cosas peores.

El fracaso de La Haya es una oportunidad de comenzar a pensar en otras dimensiones y perspectivas el tema del mar. Mucha gente buena y comprometida dio su vida a la causa. Su tenacidad y compromiso es un legado para futuras generaciones, pero es hora de pasar la posta de las ideas y la acción. También hubo muchos oportunistas que la historia los juzgará. Hoy quiero plantearles algunas provocaciones para enfrentar el futuro.

El mundo ha cambiado mucho, vivimos en un contexto donde el proceso de globalización es complejo, difícil, desigual, pero también lleno de oportunidades. Para Bolivia, globalización significa, en realidad, sudamericanización, porque de nuestras exportaciones, cerca del 55% van a América Latina e importamos de la región un porcentaje parecido. Por lo tanto, Bolivia necesita proyectarse al mundo considerando dos realidades internacionales. Brasil, un mercado gigantesco y un aparato productivo poderoso, a pesar de la crisis actual, es la enorme cuenca del Atlántico que no se reduce al uso de puertos por esa vía. La agroindustria e industria del vecino y sus mercados son una gran oportunidad de desarrollo.

Del lado del Pacífico está China (Asia), una potencia en ascenso que cada vez demandará más materias primas y alimentos, y que quiere consolidar su posicionamiento estratégico y económico en América Latina, y que constituye una oportunidad de inversión y tecnología. China llega a Bolivia por Chile y Perú. Pertenecer al tratado de la Alianza del Pacífico es de vital importancia. En este contexto, Bolivia tiene que repensar su inserción política y económica a partir de su interés nacional, que es tener una economía fuerte, desarrollada, con gente feliz, con mucha educación, salud, igualdad y democracia de mayor cualidad. Los nuevos puertos del progreso están en el desarrollo de la biotecnología, el uso sostenible del agua y el turismo ecológico en la Amazonia. Los nuevos muelles están en las nubes del internet. Bolivia puede ser un hub de comunicación y logística, pero de tecnología de la información. En el ciberespacio existen otras fronteras, Bolivia puede colindar con la India (Bangalore), Estados Unidos (San Francisco) o Finlandia (Tampere), potencias en software y en otras tecnologías.

Por lo tanto, la política exterior debe ser capaz de proyectar esos intereses nacionales, a través del poder suave e inteligente, mediante la búsqueda de procesos de integración socioeconómicos regional con Brasil, Chile (norte), Perú (sur) y China. En este contexto, el acceso a los mares del Pacífico y del Atlántico es una consecuencia de un nuevo modelo de desarrollo. Es un resultado de la recuperación de los mares de la educación innovadora y la salud de calidad. Es la consecuencia de mares del desarrollo productivo, competitivo, integrador y responsable ambientalmente.

Por lo tanto, pare de sufrir y prepárese para surfear en otros mares. Esta es tarea que implica un cambio radical en el modelo de desarrollo, la política exterior e interna y, sobre todo, de la actitud y la emoción. Debemos pasar de la resiliencia estoica a la reinvención creativa y esto pasa necesariamente por un cambio de líderes.