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El fallecido presidente de YPFB, Carlos Villegas, tenía un sueño: en 2018 Bolivia tenía que producir propileno y polipropileno para ingresar a la industria plástica. Esta visión quedó plasmada en el plan de inversión de 2014, pero  el proyecto no se concreta. En 2017, la adjudicación se anuló y este año Yacimientos no anotó la iniciativa en su presupuesto.

Incluso, el Gobierno analiza la aplicación de una nueva tecnología y no dio una fecha para la construcción de la planta. Pero hasta el momento la petrolera estatal adjudicó Bs 504,6 millones en estudios para desa-rrollar este complejo.


La petroquímica, según las cifras del Gobierno, tendrá una inversión de $us 2.200 millones, de los cuales $us 1.800 están garantizados por un crédito del Banco Central de Bolivia (BCB). Si bien los gastos previos son menores con relación al costo de la obra, son altos si por ejemplo se compara con los recursos que Santa Cruz recibe por el pago de las regalías del campo Incahuasi, que llegan a Bs 400 millones por año, y se destinan a varias obras.


Para los expertos consultados, la postergación de la obra demuestra dos cosas: uno, que no hay  los recursos económicos para encarar el proyecto y, dos, que las reservas de gas actuales no son suficientes para la gran producción proyectada de la planta.

Adjudicaciones
De acuerdo a documentación oficial, entre 2013 y 2016 se licitaron diferentes estudios y procesos para allanar el camino del proyecto.  


El Estudio de Ingeniería Conceptual lo realizó la empresa Tecnimont, por una valor de $us 4,2 millones (Bs 29,5 millones).


Uno de los estudios más caros fue de la Ingeniería de Acueducto y Subsistemas e Ingeniería, Procura y Construcción de esta planta, por Bs 364,1 millones. Este trabajo se adjudicó la subsidiaria de  la petrolera estatal, YPFB Transporte, el 7 de diciembre de 2016.


Otra licitación elevada fue la de licenciamiento y paquete de diseño de procesos (pdp) para el proceso polimerización de propileno (Spheripol), por Bs 102 millones.

Un proyecto demasiado caro
Para el exministro de Hidrocarburos Guillermo Torres, este proyecto tiene una inversión elevada con relación a los  beneficios que dejaría al país. En la actualidad, según él, Bolivia tiene una demanda de solo el 5% del material que producirá esta industria, y el mercado a escala mundial está saturado. Incluso, dijo que el país gastaría mucho en el transporte para colocar el producto en destino.


“Estamos en una ralentización económica, ¿de dónde van a sacar los $us 2.200 millones? Ahora se desestima el proyecto porque no iba a poder ser rentable”, afirmó. 


El experto en hidrocarburos Hugo del Granado coincide en que la suspensión se debe a problemas de liquidez y se suma al debate el factor de la materia prima.


El especialista explica que la industria tiene que alimentarse de la planta Separadora de Líquidos Gran Chaco, que no produce propano esencial para el proyecto.  “Solo produce GLP, que no es su materia prima. Entonces, han postergado esto. Se tiene que instalar otra planta para separar el propano de butano del GLP”, explicó Del Granado.


A este argumento agregó que “Gran Chaco opera en la actualidad a un 26% de su capacidad”. 
“Entonces, con una materia prima tan escasa, no podría trabajar una planta de polipropileno a la capacidad de la que está diseñada por Tecnimont, que es de 250.000 toneladas”, explicó.

Responde a las críticas
El Gobierno responde a las críticas surgidas. Es más, aseguró que antes de 2025 el país exportará propileno y polipropileno, cumpliendo con el plan de industrialización que lleva adelante YPFB.


El ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, fue el encargado de responder  y refutar  los cuestionamientos surgidos.


Enumeró las plantas separadoras de líquidos de Río Grande y Gran Chaco, y la planta de urea como las tres primeras fases del proyecto industrial del Estado.


La cuarta fase es, justamente, la construcción del complejo petroquímico de plásticos, que, según él, sigue adelante. Pero admitió que el proyecto está en una fase de reingeniería, debido a la aparición de nueva tecnología en el mercado de plásticos a escala global.
“Licitamos, pero hubo problemas administrativos. Cuando retomamos, apareció nueva tecnología que nos dará  mejores productos  para ingresar al mercado de los plásticos más fácilmente”, afirmó la autoridad.


 En ese contexto aseguró  que el Gobierno está pensando “empresarialmente”,  para tener  la seguridad “de que vamos a lograr un producto con mercados y buenos precios”.
“Sería irresponsable lanzar el proyecto por caprichos de gente que nunca trajo un boliviano de inversión. Jamás dejamos de pensar en la petroquímica, la planta se construirá, pero necesitamos tomar decisiones que no afecten la economía de Bolivia”, afirmó.
Sobre la inversión ya efectuada en estudios del complejo petroquímico, afirmó que “es prácticamente nula” con relación al valor final que tendrá la planta.


Pero para los expertos lo expuesto por el Gobierno deja muchas dudas. Del Granado cuestionó el argumento de nueva tecnología, al asegurar que YPFB adquirió patentes comerciales para el desarrollo del proyecto.