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Al plantearle si con el antecedente de la detención domiciliaria concedida a Zvonko Matkovic, se imagina que él también podrá ir a su casa pronto, Juan Carlos Guedes responde a quemarropa: “Hace nueve años que imagino que puedo ir a mi casa”. 

Sin embargo, también teme por su vida, puesto que en Palmasola no hay condiciones para controlar su diabetes e hipertensión, pues en las últimas dos semanas su glucosa ha llegado a 475, cuando lo normal es 120 y los médicos no han podido hacerla bajar de 308. “Temo caer en un coma diabético o sufrir un paro cardiaco. Si eso pasara, tardaría entre tres y cuatro horas poder salir de Palmasola, con los permisos y la movilización de gente y recursos que se requiere. Temo morir en el camino, como he visto a otros compañeros de la cárcel”, dice. 

Desde el miércoles, Guedes está en la sala 11 de la Caja Petrolera de Guaracachi y su glucosa no ha podido ser controlada ni con insulina, por lo que requiere un medicamente más fuerte que también es más caro. 

Por su estado de salud, la próxima semana solicitará que le den arresto domiciliario. Ante la posibilidad de que se lo nieguen lanza una frase mártir y poética: “Las muertes injustas son las que hacen los cambios”. Abre una página de su último libro con unos versos titulados Tribunal maligno. Su poemario En carne propia puede adquirirse en Bs 70. (Ref: 60022709).