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Las empresas constructoras acaban de firmar un acuerdo con el Gobierno boliviano que permita facilitar la participación de las inversiones nacionales en los grandes proyectos de infraestructura; sin embargo, no todos los dirigentes están de acuerdo con las condiciones del documento. Rodrigo Crespo, presidente de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz, señala que el sector precisa condiciones para repuntar el crecimiento de Bolivia.
 
 ¿Cuáles son las observaciones al convenio?
Hace dos años, nosotros indicamos a la Cámara Boliviana de la Construcción los aspectos necesarios para que los constructores nacionales puedan afrontar la desaceleración. Nosotros no fuimos invitados a las mesas de trabajo con el Ministerio de Servicios y Obras Públicas, y al ver el acuerdo vimos que hay puntos favorables, pero no alcanzan y las ideas están tergiversadas.

¿Por qué no alcanzan?
Porque nosotros, como Cadecocruz, pedimos soberanía, no queremos ser empleados, no pedimos tener más porcentaje del 25 al 40% en los contratos. Eso no está bien para nuestro país, el mismo presidente Evo Morales lo dijo, que la soberanía debe prevalecer y queremos lo mismo. Tenemos la capacidad, trabajadores formados, no podemos desmerecer a nuestros profesionales, y firmar un convenio del 25 al 40%. Por ejemplo: los chinos contratan al 90%. Esto legaliza la subcontratación y, por ello, no estamos de acuerdo. 

¿Es alta la contratación de las empresas chinas?
Los chinos traen solo garantía y gerentes. No llegan con tecnología para que podamos aprender. Los extranjeros solo dejan problemas y familias de trabajadores sin salarios. Además, también generan un daño económico porque dejan carreteras a medias y no podemos sentirnos felices con ejecutar sus boletas de garantía.

¿Hay obras abandonadas?
Sí, ese es el riesgo de contratar empresas extranjeras sin pedir su garantía y experiencia, el contratante no verifica qué hizo en otros países. Ellos indican experiencia que no se verifica, no vemos si concluyeron obras en otros países. Nosotros, como Cadecocruz, investigamos y descubrimos que no son reales las experiencias que dicen tener las foráneas que se presentan acá. Entonces, dejan los proyectos abandonados, sin hacer y quedamos contentos con ejecutar boletas, pero ¿quién devuelve los años perdidos?.

¿Falla la fiscalización?
Creemos que el Gobierno debe poner mano dura con los extranjeros. Nosotros somos formales, cumplimos las normas, pagamos impuestos, tenemos cuidado con los seguros y las AFP, pero eso no pasa con las extranjeras. El Sindicato de Trabajadores de la Construcción lo denuncia, ellos están en contra de lo que hacen las extranjeras y nosotros no nos vamos a quedar callados. Si ponen una vara alta a los nacionales, entonces que la vara sea más alta para los extranjeros.

¿Solo las constructoras chinas tienen problemas?
De las chinas nos enteramos, pero sabemos de algunas de Costa Rica y España. La mayoría provocaron daños, recuerden Corsan Corvian. A mí me pueden verificar experiencia, obras, pero los extranjeros traen papeles, no aplican las normas y eso es falta de control y fiscalización estatal.

¿Cómo está la relación del sector con el Gobierno?
Consideramos que necesitamos más comunicación. Cadecocruz es una institución apolítica, no buscamos el daño de este ni de ningún Gobierno. Somos propositivos y con nuevas soluciones, pero falta que seamos escuchados. Tuvimos conversaciones con varios ministros, pero no se ha concretado nada. Recién vimos una pequeña luz de esperanza cuando trajimos un experto en Asociaciones Público-Privadas (APP), al mejor de la región, que llevamos al ministerio para que sea escuchado. Gracias a ello el Gobierno aprobó en enero una nueva ley para habilitar el tema de las APP. Ese es nuestro fin, poner en práctica nuevas ideas, pero falta la comunicación.                                                    

¿Hay mucha informalidad en el sector?
Tenemos empresas de más de 50 años trabajando, pero cada vez somos menos porque no se rayan las canchas. Acomodemos las leyes en favor de los bolivianos, si la empresa no cumple, se la puede ejecutar, es más fácil para el Gobierno. Ahora, lo que vemos lo construyeron 10 o 15 empresas, hoy lo pueden hacer dos o tres.  Santa Cruz es un gran ejemplo de tecnología incorporada a la construcción. Nosotros no queremos causar un daño al Estado, el boliviano no lo haría.

¿El año pasado se contrajo la construcción?
Sí, hubo decrecimiento, bajamos al 5,32%, cuando teníamos un PIB que era el doble del PIB nacional y las alarmas se encendieron. La construcción es la tercera actividad dinámica en el país, estamos prestos a salvar esta situación.

¿Perspectivas para 2018?
Estamos seguros de que habrá un cambio de visión, el país lo necesita, estamos en la banca esperando que nos llamen a participar y los vectores que da el escenario mundial, muestran que el constructor boliviano debe participar en las obras estatales. Cuando nosotros participamos generamos otras actividades productivas inherentes al sector.