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El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Chile y comenzar un acercamiento directo con Perú parece natural e imprescindible para tener una estrategia completa en busca del acceso soberano al océano Pacífico para Bolivia. Al margen de la demanda marítima que existe en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, corresponde generar las condiciones, en un tiempo prudencial, para reanudar las relaciones oficiales con el vecino país. 

Aunque hubiera un rechazo prematuro de Chile, Bolivia debe buscar los canales diplomáticos y las oportunidades del Derecho Internacional para resolver nuestro enclaustramiento marítimo. La vía diplomática así como cualquier gestión internacional, que enriquezca y consolide la causa boliviana, debe acompañar a la demanda jurídica.

El reencauzamiento diplomático parece imprescindible, máxime cuando la Corte Internacional de Justicia no solo rechazó las excepciones planteadas por Chile, sino que se declaró competente para conocer el fondo del problema. Igualmente rayó la cancha en el sentido de que el objeto de la disputa será determinar si, como consecuencia del reconocimiento unilateral del problema, Chile está obligado a negociar de buena fe un acceso soberano al mar.

Con posterioridad a la resolución definitiva de la corte (cualquiera sea este resultado), Bolivia y Chile terminarán en algún momento sentados en una mesa, negociando y buscando una salida al problema mediterráneo boliviano. Como advierte la misma CIJ, aunque decidiera que existe esa obligación (de negociar), no será tarea de ese tribunal predeterminar el resultado de cualquier negociación que tuviera lugar como consecuencia de esa obligación. Y aclara además que “acceso soberano” y “negociar un acceso soberano” no deben entenderse como la expresión de ninguna opinión por parte de la CIJ sobre la existencia, naturaleza y contenido de una supuesta obligación de negociar por parte de Chile. 

Sin embargo, dado que esta misma corte, en otra disputa internacional entre Chile y Perú, le dio la razón a Perú, una saludable opción sería que este problema sea tratado directamente entre ambos países y no esperar un fallo judicial, que siempre parece más difícil de cumplirse pacíficamente. Las negociaciones, en cambio, tienen la particularidad de hacer sentir a las partes que ganan o, por lo menos, existe la creencia de que no pierden y todo termina en santa paz. A diferencia de un proceso judicial, la negociación tiene la virtud de resolver un conflicto con carácter definitivo, habida cuenta que ambas partes aceptan voluntariamente el acuerdo extrajudicial.

La Corte Internacional de Justicia representa a las Naciones Unidas y esta organización sintetiza el universo jurídico existente.

En consecuencia, ningún país signatario de la ONU puede desconocer la decisión de la Corte Internacional, porque supondría desconocer a esta organización y así no solo exponerse a una censura política generalizada, sino también convertirse en un paria en el contexto internacional.

Que algún funcionario del Gobierno de Chile hubiera adelantado que no aceptarían una sentencia ‘creativa’ o ‘imaginativa’, como la que vaticinan que pronunciará la Corte Internacional, pone de manifiesto el nerviosismo y cierto sentimiento de derrota anticipada en el vecino país.
Lo evidente es que la demanda boliviana le ha movido el piso a Chile, que hasta ahora ha controlado el caso y ha salido victorioso de cuantos intentos ha hecho Bolivia en la búsqueda de una salida a su mediterraneidad. 

El argumento central de Chile ha sido que el Tratado de 1904 se encuentra vigente y que siempre se ha cumplido y se va a cumplir y, por tanto, los reclamos de Bolivia no tienen fundamento. En este sentido, y a tiempo de declararse competente, la Corte Internacional ha determinado que la demanda boliviana en ningún momento ha intentado revisar o cuestionar algún tratado internacional, menos el de 1904, sino simplemente que este Tribunal se pronunciará sobre lo que ha planteado Bolivia, que no es otra cosa que la obligación (reiteradamente reconocida unilateralmente) de negociar la solución al enclaustramiento marítimo boliviano.

El camino judicial debe complementarse con una vigorosa y creativa diplomacia, de modo que todos los caminos estén allanados y conduzcan al mismo objetivo: obligar a Chile a sentarse en una mesa hasta conseguir una salida al enclaustramiento marítimo boliviano.