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“Todos podemos hacer un pequeño huerto en la casa y evitar los pesticidas que cada vez hay más en los alimentos. Se pueden realizar en botellas de plásticos o en cajas de madera. Se necesita semillas que se puede conseguir en el mercado a bajo precio, se compra tierra negra y aprender a realizar sus propios fungicidas y pesticidas ecológicos, además los mismos desechos se utilizan como abono. El resto es dedicarle tiempo y ganas, eso también se utiliza como terapia ocupacional”, añade.

¿Es posible impulsar esta actividad en medio de una corriente consumista de cultivos extensivos que avasalla, con alta producción bombardeada por agroquímicos, que llenan los mercados?

Christian Bomblat, director del Centro de Ecología Aplicada Simón I. Patiño de la Fundación Simón Patiño, señala que se ha avanzado en esta tarea, y en ese orden cita que la institución apoya desde hace más de 10 años al Centro Ecopedagógico, que tiene como objetivo promover una actitud respetuosa con el medioambiente. “Nuestros colaboradores desarrollan actividades educativas que se llevan a cabo tanto en el centro como en las escuelas de la ciudad con huertos escolares”, agrega.

A través de bibliotecas especializadas, la publicación de revistas y artículos científicos y técnicos, el centro sensibiliza a los estudiantes y la comunidad científica a los desafíos medioambientales.

La información de Bomblat es reforzada por Sonia Divola, responsable del comité de feria de la Plataforma Agroecológica. Cruceña.

Este colectivo está conformado por diversos actores como instrumento de articulación de productores, recolectores, transformadores, apicultores y consumidores agroecológicos.

Sonia afirma que no solo es posible, sino necesaria la producción ecológica de tomates, lechugas, cebollines, pimentones, berenjenas, puerros y un sinfín de productos. “Un huerto adecuado a nuestro jardín, nos proporciona calidad de vida, mejora el aire, reducen el calor, y nos permite consumir verduras y frutas sin residuos de pesticidas y químicos. Se puede cultivar hasta en un metro cuadrado de terreno, en macetas, terrazas, verticales, desde hortalizas, hierbas aromáticas, medicinales y frutales.

Como ejemplo, Sonia cita, el huerto familiar Cáceres con su producción de pulpas, jugos y mermeladas de acerola. Colonia Piraí con su producción de verduras y cítricos; la Fundación Patiño que produce verduras, frutas de temporada y derivados lácteos. Probiotec, con verduras, frutas y controladores biológicos de plagas y enfermedades de los cultivos agrícolas; las panaderías agroecológicas como la de Pan Danés, Pan Alemán, Mundo Verde y D’Cocomamas, que producen panes con harina integral, sin aditivos ni conservantes y con masa madre.

Defensa de la naturaleza

La agroecología, informa la Plataforma, no solo son los huertos urbanos, es la defensa de la diversidad y de los bosques. “Hay emprendimientos como De Frutas que trae pulpa de camu camu; Oro NegrocAmazónico trae asaí, copoazú, sinini o guanábana; además, miel ecológica”.