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Ariel Lima (19) despertó con sed, entonces tenía 14 años y por fin había conseguido ser operado del corazón. El adolescente llegó huyendo de las inundaciones en Beni, de la mano de su madre, buscando una solución a su agotamiento y a los malos ratos en que le faltaba la respiración.  Él se convirtió en el primer paciente de Fundacor, la fundación que cumplió ayer cinco años, tiempo en el que se han realizado 450 cirugías de corazón, 35.500 consultas médicas y más de 60.000 exámenes de diagnóstico.

Su situación se había complicado tanto que incluso sufrió una embolia producto del tema cardiaco.  “La mamá empezó a desesperarse, le dijeron que la cirugía era carísima y nosotros estábamos empezando a darnos a conocer en las instituciones públicas como fundación. Después de los estudios vimos que la cirugía era de suma emergencia y decidimos operar. Disponíamos de la clínica (Incor) y los médicos, pero no de los insumos, como la válvula mecánica que cuesta por arriba de Bs 19.000”, recuerda María Jesús Pedraza, administrativa de Fundacor. 

Con aportes de corazones solidarios se reunió lo necesario para la válvula y se le devolvió la sonrisa a Ariel, quien debe hacerse controles anuales y tomar una pastilla y un cuarto todos los días para la buena circulación de la sangre. Ya tiene 19 años, pero aún no ha logrado salir bachiller, tres años dejó de estudiar cuando su condición era grave y mientras corre por recuperar el tiempo perdido ya hace planes para ser médico o veterinario.

“Me ayudaron en una etapa en la que estaba luchando por mi vida, ahora estoy aquí, luchando por estudiar. Recuerdo que cuando supe que me iban a operar por momentos me sentía nervioso y alegre al mismo tiempo porque iba a cambiar de la noche a la mañana mi vida, iba a poder hacer lo que antes no podía”, recuerda. 

En el pequeño acto que se preparó por el quinto aniversario los médicos y administrativos de Fundacor recuerdan a Rodrigo Melgar (24), estudiante de séptimo semestre de Ingeniería Ambiental de la Universidad Ecológica cuya cirugía no programada se realizó porque literalmente: “No iba a vivir ni un día más”, así lo dijo Arturo Barrientos, jefe del equipo quirúrgico . 

El día de los 15 años de su hermana fue cuando empezaron los malestares. Fue a varios centros y en cada uno obtenía un diagnóstico distinto. Cada día  iba empeorando hasta que llegó a tener endocarditis cardiaca, una infección en el corazón. Rodrigo fue operado hace tres meses y es uno de los más recientes beneficiarios. “Me dijeron que fue un milagro, que ese mismo día me estaba muriendo. No podía dormir, sentía fatiga y cansancio”. El universitario nació con una válvula dañada que no se había manifestado hasta que tuvo la infección en el corazón.

Falta mucho por hacer
Para el doctor Barrientos, estas historias son el pan nuestro de cada día. “A la fundación llegan casos en condiciones extremas,  pacientes muy graves que hacen que se tenga que trabajar lo más rápido posible. A diario lidiamos con pacientes que están al límite de la vida con una posibilidad de óbito muy grande si no se los ayuda”.  
Reconoció que la especialidad médica del corazón hace que sean bastante fríos para poder actuar sin emociones de por medio y tratar de salvar vidas.   

Por su parte, el presidente de la fundación, Alfredo Romero Dávalos, fue más duro: “Ser un enfermo cardiaco en nuestro país es una desgracia, pero un paciente cardiaco pobre ya es una tragedia porque los problemas cardiacos son de alto costo”, así empezó su alocución, subrayando que en sus más de 50 años en el ejercicio médico no ha visto mayores progresos en el tema de la atención pública. 

“Esta es una fundación de verdad, no de ‘pliqui’, con edificio, con personal, con equipo, con médicos y, sobre todo, con resultados”, agregó, asegurando que en la búsqueda de fondos para seguir trabajando con la fundación ha hablado con personas adinerados sin obtener mayores resultados. “Lamentablemente me sobran los dedos de las manos para decir cuántos nos han apoyado. Hay gente que cree que el mundo se acaba fuera de las bardas de su condominio”. 

Formación y especialización

En presencia de algunos benefactores, pacientes y su staff médico, Fundacor dio a conocer que no solo hacen una labor asistencial de ayuda a pacientes sin recursos, también tienen una actividad formativa y educativa de especialistas en el corazón.    

Actualmente hay un fondo para brindar crédito educativo para que los profesionales hagan una especialidad, dinero que pueden devolver dentro de tres o cinco años.  

Toda esta iniciativa está bajo una misma filosofía que incluso está escrita en la sala principal: “En un país como Bolivia, resulta éticamente inaceptable que un médico exitoso muera rico y sin aportar a su gente”. 

PARA SABER

Fundacor
Es la Fundación Cardiovascular Romero Dávalos & Deane. 

Trabajo en comunidades
Se hacen visitas a comunidades para brindar consulta cardiológica y de diabetología. Algunas de estas localidades visitadas han sido Buenavista, Paurito, Samaipata, Cuatro Cañadas, Porongo, Portachuelo, Okinawa, Warnes y Cotoca.

Para ayudar
Las personas o instituciones que quieran aportar a esta    causa pueden encontrar        más información en      www.fundacor.org.bo

Sobre las operaciones
Los pacientes llegan a Fundacor (calle Caranda, No. 3, diagonal de la clínica Incor) y son evaluados. Las cirugías y la atención médica suelen costar entre $us 15.000  y $us 20.000, las mismas se hacen por un costo mínimo y si se trata de gente de escasos recursos se los ayuda a conseguir el dinero .