Escucha esta nota aquí

Santa Cruz de la Sierra es una ciudad todavía verde, pero que pierde árboles paulatinamente en favor de nuevas construcciones.

Todavía el paisaje urbano tiene una cuota de verde que nos despreocupa. Pero basta fijarse en lo que ocurre en urbes más grandes, en las que la vegetación se ha rendido ante el cemento, para ver cuál es el rumbo que no hay que seguir. En Ciudad de México, por ejemplo, ganan importancia los huertos urbanos, esos pequeños pulmones artificiales que la gente coloca en las terrazas, como una respuesta al aire contaminado. 

Como una manera de regresar a habilidades esenciales de las que los citadinos nos hemos alejado y, además, reducir nuestra huella negativa en el planeta, la ecóloga y agrónoma Lily Foster, directora de Huertos Concretos, propone que la agricultura urbana sea un acto de reconexión con la naturaleza.

“Al cultivar localmente reducimos el uso de petróleo, plásticos, y empaques", valora Foster.

Otro mundo es posible 

Como especie, debemos ir creando un futuro que combine la informática y la celeridad de las grandes ciudades con lo manual y básico. Un porvenir en que el ser humano vuelva a generar sus alimentos y sea un “animal consciente” que cuida su nutrición, su entorno y el contacto social.

Estos pequeños huertos, que en Ciudad de México hoy solo tienen cabida y suficiente sol en las copas de los edificios, contribuyen a fomentar las actividades colectivas, como la cooperación.

Comenzar a cultivar ya supone un acto solidario con el medio ambiente: para generar abono tan solo deben reciclarse los desechos orgánicos de los hogares.

En la azotea de Huertos Concretos florecen cultivos de colores. Acelgas, tomates o pepinos se usan para la alimentación comunitaria y también se hacen donaciones.

Hazlo tú mismo 

“Los contenedores deben tener mínimo 40 cm para que las raíces de las plantas tengan espacio. El contenedor debe aguantar el riego y la lluvia”, explicó Foster.

Virar hacia un modo de vida como el que proponen los huertos urbanos requiere de un trabajo mental que pasa por "pensar no en el valor monetario de las cosas, si no en la experiencia de cultivar".

Con conceptos como el de agricultura biodinámica, que sigue el ciclo lunar y su efecto en el agua, se empieza a "tener otra conciencia y conocimientos" esenciales que hemos olvidado por la industrialización y estilos de vida inmediatos, con muchas  horas de trabajo y poco tiempo para disfrutar de la sencillez de la agricultura.