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Señores climatólogos, ¿pueden ser más claros? A unas semanas de la cumbre COP21, este es el mensaje que transmite un equipo de investigadores europeos (procedentes de Francia, Reino Unido, Alemania e Italia), en un estudio publicado el 12 de octubre en la revista Nature Climate Change.

Al parecer, los documentos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o IPCC (por sus siglas en inglés, Intergovernmental Panel on Climate Change) destacarían por su incomprensión, lo que quizás contribuye a la falta de acción política contra el calentamiento global.

Los expertos del IPCC son unos literatos prolíficos. Aproximadamente cada seis años, publican gruesos informes de evaluación de varios miles de páginas, en los que plasman el estado de su disciplina.

Cada entrega incluye tres gruesos volúmenes (elementos científicos, impactos y adaptación, atenuación del cambio climático) y a su vez cada uno es objeto de un "resumen destinado a los responsables de la toma de decisiones": un compendio de quince a veinte páginas que, en la práctica, es el único que sale del círculo de los climatólogos.

El texto lo tratan y lo aprueban línea a línea los representantes de los gobiernos, un proceso de adopción consensuado que a menudo hace que la redacción sobre cuestiones políticamente delicadas sea complicada e incluso sibilina.

Precisamente estos resúmenes que sirven de base en las negociaciones climáticas internacionales son los que Ralf Barkemeyer, profesor en la Kedge Business School, la facultad de dirección de empresas en Burdeos, y sus compañeros han sometido a una herramienta de análisis lingüístico. Se trata de un algoritmo que, en función de la longitud de las frases y la complejidad de las palabras, determina el grado de inteligibilidad de un texto.

"Los resúmenes del IPCC dirigidos a los responsables de la toma de decisiones se caracterizan por su escasa legibilidad". Y lo que es peor, a lo largo de los distintos informes (el primero apareció 1990, el quinto en 2013 y en 2014), la opacidad de estos resúmenes ha ido en aumento. Es algo que puede explicarse por "la creciente complejidad" de la ciencia climática, o por la suposición de que los destinatarios de estos escritos poco a poco han adquirido una serie de conocimientos mínimos.

Un comunicado del Centre for Climate Change Economics and Policy de la universidad británica de Leeds (Inglaterra) va más lejos aún. "Los responsables políticos deberían poseer el equivalente a un doctorado en ciencias del clima para empezar a entender plenamente el significado de los informes", determina. "Incluso los textos de Albert Einstein" resultan más claros.

"Si los gobiernos no pueden ni siquiera comprender los datos científicos que les presentan, ¿cómo pueden llegar a un consenso o a una decisión común?", se pregunta Suraje Dessai, coautor del estudio, profesor en la universidad de Leeds y autor principal de un capítulo del último informe del IPCC.

"Los resúmenes del IPCC son tan difíciles de comprender, que puede haber muchas interpretaciones distintas sobre el mismo punto", añade Ralf Barkemeyer. "Por ejemplo, los pueden malinterpretar fácilmente los escépticos sobre el cambio climático".

La climatóloga francesa Valérie Masson-Delmotte, que acaba de ser elegida copresidenta del grupo I (ciencias del clima), considera que el estudio es "interesante". Reconoce que las publicaciones del organismo intergubernamental, que deben conciliar una doble exigencia de comunicación y de rigor científico, resultan "muy difíciles de entender para las personas que no sean especialistas".

En el último informe, el grupo que preside ya ha introducido un "resumen de resúmenes", es decir, un "resumen para los primeros ministros": un texto de una veintena de líneas que recapitula los puntos claves "en lenguaje corriente". También propondrá a la dirección del IPCC una serie de novedades: síntesis diferenciadas en función de la especialización de los lectores (energía, agua, bosques, edificios…) o publicaciones adaptadas a los nuevos modos de lectura, en tableta o en teléfonos móviles. Expone que "Lo difícil para los gobiernos es emprender transformaciones profundas en todos los sectores, energía, transportes, edificios…".

"Los conceptos básicos sobre las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera o sobre las tendencias al alza de las temperaturas son muy sencillos y los gobiernos los entienden bien", observa Jean Jouzel, anterior presidente del IPCC. "Lo complicado es que, para mantenerse por debajo de los dos grados de calentamiento [el objetivo de la comunidad internacional], es necesario cambiar completamente el modelo de desarrollo. Es algo que afecta a todos los Estados, a todos los ciudadanos del mundo".

Los climatólogos llevan a cabo con asiduidad tareas de información y de explicación ante los responsables políticos. Él mismo y sus compañeros han presentado "durante dos horas, de forma muy simplificada" el último informe del IPCC a François Hollande. El anterior presidente del IPCC, el indio Rajendra Pachauri, dio la vuelta al mundo difundiendo este informe. En pocas palabras, la aridez de la prosa de los climatólogos no es una excusa ante la falta de acciones.

El estudio de Nature Climate Change también trata el modo en que los diarios informan de los resúmenes dirigidos a los responsables de las tomas de decisiones. Al parecer, al contrario que los trabajos del IPCC, su cobertura mediática es cada vez más "legible", aunque también cada vez más "pesimista".

Sobre todo más pesimista que los informes de los expertos del clima, que intentan en todo momento precisar el grado de certeza o de incertidumbre de sus proyecciones. En definitiva, tanto los científicos, como los políticos y también los periodistas deberían reconocer sus propios errores en lugar de señalar solo los ajenos.


Este artículo es cortesía de "Le Monde". Fue publicado en el diario "Le Monde" de Francia el 12 de octubre de 2015. El DEBER es uno de los 32 medios de comunicación de todo el mundo que forma parte de la red #ClimatePublishersNetwork, una iniciativa para concienciar sobre el cambio climático antes de la cumbre de diciembre en París. En virtud de este acuerdo, EL DEBER comparte artículos sobre cambio climático con el resto de periódicos de la red.