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El haiku es una forma poética inventada por el maestro Matsuo Basho en el Japón del siglo XVII, que se ha extendido por el mundo y cada vez son más los poetas que cultivan esta modalidad, en la que la brevedad es el alma del ingenio y de la sensibilidad. El haiku ha recorrido mundos y lenguas deslumbrando a sus lectores con su brevedad de estrella fugaz, cuya eficacia poética está en la imagen que resulta del texto. Se podría decir que el haiku es el alma del poema. Veamos uno del maestro Basho: Este camino/ ya nadie lo recorre/.

Salvo el crepúsculo.

La brevedad del haiku intenta contener el universo en versos escritos en la fórmula de diecisiete sílabas, dividido en tres versos de cinco-siete-cinco sílabas, que hablen de la naturaleza y de la vida cotidiana. En sus orígenes el haiku fue creado para dar fe de lo asombroso del entorno natural y, poco a poco, ha ido poetizando al ser humano en su totalidad filosófica de su ser, especialmente desde sus estados de ánimo y de asombro. En Bolivia tenemos algunos buenos poetas que cultivan este género, entre ellos podemos mencionar a Carlos Saavedra, Arnaldo Mejía, José Villar y Vilma Tapia. Sin olvidar, por supuesto, a Sebastián Molina, apasionado del haiku nos dejó en lo mejor de su vida.

Ahora, un joven poeta, Marco Zárate, ha elegido esta hermosa y sutil forma literaria para poetizar sus experiencias sensoriales con el mundo que lo rodea. El título del poemario está muy bien elegido: Viajar solo, Colección de Haikus para contemplar en el camino, porque tiene que ver exactamente con su contenido: la contemplación de la naturaleza y el viaje interior que siempre es el camino más difícil de seguir.

Conocí a Marco en uno de mis talleres de escritura creativa y allí entre versos, metáforas e imágenes descubrió que Basho era su verdadero maestro y al poco tiempo nos fue leyendo sus breves poemas producto de un paciente trabajo. Otra características de los haikus de Marco es que, además de atrapar las imágenes en versos precisos, lo hace con paisajes propios de Santa Cruz sin que este detalle pintoresco le quite universalidad a sus textos; es más yo creo que los vigoriza, como todo lo genuino. Veamos algunos: El fin del llanto, / pinta un arco iris, /sobre la Catedral. O este otro: Violento rayo/Revela tu silueta. /Ciudad desnuda. Viajar solo, es un hermoso poemario de haikus. Su lectura es un placer, nos ubica en los ojos y el espíritu del poeta.