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Rubén Costas se puso la vara alta. Con la medalla Diego de Mendoza en el pecho, el bastón de mando que incluye una astilla de hueso de Andrés Ibáñez en las manos, el reelecto gobernador de Santa Cruz juró que pronto el departamento será el primero en tener una cobertura total de servicios básicos (agua, electricidad y caminos estables) y que la ciudad podrá disfrutar de un sistema de salud de Primer Mundo. Además apostó a la generación de riqueza colectiva como fórmula de bienestar.

Todo eso lo dijo en un salón de la Fexpo, en medio de un ambiente solemne, ante unas 800 personas, un clima lluvioso y una seguridad más quisquillosa que de costumbre. El acto de (re)posesión de Costas comenzó con 70 minutos de demora.

Al parecer los invitados lo intuyeron, porque llegaron atrasados. Cada uno fue acomodándose en las más de 1.200 sillas que se previeron y observaban una mesa larga, con una especie de trono de madera lustrada al centro y 14 asientos más modestos a cada costado.

Eran para Rubén y los 28 asambleístas departamentales. Las últimas seis sillas ubicadas a la siniestra del gobernador quedaron vacías, porque los asambleístas del MAS decidieron dejar plantado al hombre que ganó la Gobernación con el 59% de los votos.

Pompa y circunstancia
Los que no faltaron a la cita fueron los empresarios privados y representantes de instituciones cruceñas y algunas autoridades religiosas. Luego del desfile y ubicación de los 22 asambleístas que asistieron, procedieron a invitar a la testera a Ruth Lozada, gobernadora saliente, que ingresó con los símbolos del poder departamental para entregárselos a la presidenta de la Asamblea Legislativa Departamental.

En su discurso de despedida, Lozada agradeció a Costas por la oportunidad de dirigir la nave cruceña por poco más de cinco meses y enumeró sus logros de la corta gestión: electrificación, caminos y salud, casi un calco de las promesas que vendrían luego.

Entre los funcionarios de la Gobernación había esmero por hacer las cosas bien, pero también cierta incertidumbre. Costas comenzará a trabajar el lunes en las peores condiciones que le ha tocado en los últimos nueve años. El descenso de los ingresos por IDH tiene a varios trabajadores de la Gobernación sin contrato y con difíciles perspectivas de renovación. Si bien se espera que los secretarios -al menos los que hicieron mérito partidario durante la campaña- sean ratificados, tampoco es seguro que sigan todos. Habrá que dilucidar el futuro de Lozada. No se sabe si irá a la Secretaría de Gestión (la que ocupaba Óscar Ortiz) o a otra cartera.

El turno de Costas
Luego del discurso de Lozada, Costas ingresó al salón acompañado de su esposa, Sonia Vincenti, enfundado en un traje negro y con una corbata verde pacay en el cuello. Saludó, abrazó y subió a ocupar su lugar -el semitrono de madera bien pulida- en medio de los asambleístas. Pronto juró, hizo la señal de la cruz, frente a Kathia Quiroga, y se puso la banda tejida por guaraníes, la medalla del gobernador español y él tomó el cetro que lleva parte del mártir igualitario.

Ya empoderado, comenzó un discurso que duró 35 minutos. Cinco ocupó para saludar a los presentes en un tono jovial y la media hora restante para establecer las bases filosóficas para los cinco años que le quedan en la Gobernación. Cuando entró en materia, cambió el tono, engrosó la voz, calentó al león, que sin embargo no llegó a rugir.

Primero habló del pasado. De “el tiempo de las provincias”, de la “revolución del patujú” y de las inversiones en el campo que han llevado al departamento a ser el de mayor cobertura en electrificación rural y agua potable. Allí agradeció a los citadinos, ya que pese a que el esfuerzo ha estado centrado en las provincias -donde habita la población con mayor índice de pobreza-, la ciudad de Santa Cruz lo premió con la mayor votación de la historia democrática de la ciudad: 65% de los sufragios.

“Por eso somos un gran pueblo, porque somos capaces de mirar a los ojos de la gente y poner las necesidades del otro por delante de nuestras demandas. Y ahí reside nuestra grandeza, una grandeza que compartimos aunque seamos diferentes, aunque tengamos colores diversos o vengamos de lugares distintos para poblar esta Santa Cruz”, dijo Costas.

Ahí, luego de pasar por la globalización, la teoría del caos (el aleteo de la mariposa), las protestas de los indignados y los derechos a la carta, habló de pacto fiscal, de la autonomía financiera, como la fórmula para sacar a Bolivia de la pobreza, para no retroceder ni un centímetro de lo avanzado y generar riqueza individual desde la prosperidad colectiva.

Fue ahí que Costas comenzó a delinear sus principales retos de gestión -después del pacto fiscal- en una trilogía: diversificación de la producción, generación de empleo y promoción y puesta en valor de los derechos.

En ese abanico entra la promesa de una salud de Primer Mundo en los hospitales de la Gobernación (los de tercer nivel), generar oportunidades para que los universitarios graduados tengan trabajo, la lucha frontal contra el machismo o en entronque público-privado reclamado por los empresarios en la Agenda 2025 del Gobierno central.

Al final, Costas cerró su discurso agradeciendo, fue ovacionado, se tomó fotos y todos brindaron con chicha y majadito: la cruceñidad tuvo una mañana festiva