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María Eugenia Choque luce sui géneris pollera y sombrero; aunque parece más una impostura que una identidad, es su elección y no afecta a nadie sino a su propia biografía. En cambio, como autoridad toma decisiones que dañan al conjunto de la sociedad, da la estocada final al desplome del árbitro electoral.

Como ciertas mujeres y funcionarios públicos cuestionados, intenta esconder su incompetencia culpando a sus críticos de misoginia o de racismo. No. No son esas deformaciones las que están en la base de la censura, sino sus acciones y sus declaraciones.

Impacta la poca vergüenza que sintió al admitir que acudió al palacio de Evo, solo horas después de las fallidas elecciones primarias y antes de dar explicaciones a la ciudadanía sobre ese asunto de interés nacional.

¿Cuál fue su excusa de la insólita visita? “¡Fui a dar clases!”, de siete de la mañana a nueve, en una entidad estatal. Probablemente ni siquiera los otros peores presidentes del Tribunal Supremo Electoral, José Luis Exeni o Wilma Velasco se atrevieron a tanto.

¿Cómo fue aquello posible? ¿Cómo soportamos los ciudadanos esta sumisión del Poder Electoral ante el Ejecutivo? ¿Es esto símbolo de democracia? ¿Es el rostro de la separación de poderes que reconoce la Constitución? ¿Es muestra de la institucionalidad? ¡Solo tres de cada 10 bolivianos confían en el TSE! La caída es imparable.

No se entiende cómo la máxima responsable del inédito proceso electoral de primarias partidarias se levante al día siguiente y se vaya a ¡dar clases! en vez de preparar un informe a la nación sobre las muchas fallas que rodearon el proceso. Huye a los periodistas, huye a los votantes.

Además, curiosamente, después de pasar por Palacio, los números cambiaron de un día para otro. ¿Fue un ensayo general para el fraude de octubre?

El TSE admitió una candidatura inconstitucional y ello ya es un enorme daño al desarrollo de la democracia boliviana. El argumento esgrimido es válido solo para unos militantes, aunque también ellos deben saber que es solo un silogismo. Para el resto de la comunidad nacional e internacional no es válido.

Ese fue el camino elegido por Daniel Ortega en Nicaragua y por Nicolás Maduro en Venezuela. El resultado es el entierro de los procesos sociales que se habían abierto con muchas esperanzas. El socialismo del Siglo XXI es sepultado por sus propios actores, no por la oposición y tampoco por el imperio.

La ambición desmedida de poder, el enriquecimiento de las huestes -las primeras en expatriar capitales y comprar residencias en Miami o en Madrid-, son las causas profundas de la hambruna en Managua o en Caracas. Los cómplices ayudan con su sumisión a preparar las velas del velorio.

El proceso electoral está sumamente contaminado y cualquiera sea el futuro ganador de las elecciones generales tendrá la sombra de un árbitro incapaz, incompetente y parcializado.

Choque debe renunciar junto con todo su equipo y los nuevos funcionarios. La democracia costó mucho para tirarla por la borda de este modo.