Opinión

Crónicas de viajes

Guido Alejandro Arana Hace 1/7/2019 8:00:00 AM

Viajar por el país es deprimente, comentaba en las pasadas fiestas una amiga que llegó de La Paz a Tarija. “Es que los niños y las mujeres que esperan limosna en la carretera son miles, y en algunos tramos están o arrodillados o llorando, cada 50 metros”.

Mi amiga no había escuchado todavía los triunfalistas informes del vicepresidente sobre el éxito del Gobierno en su guerra contra el hambre, diciendo que ahora ningún niño se va a la cama sin haber comido. (La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura –FAO– dice que el hambre afecta al 19 por ciento de los bolivianos y a solo el 3 por ciento de los chilenos).

Un amigo viajó de Santa Cruz a Cochabamba, y viceversa. Su informe fue de asombro. Cuando entras al territorio de Chapare, el control es muy riguroso, casi como el que hay en la frontera de México con Estados Unidos, pero cuando sales de Chapare no hay ningún control, como cuando un mexicano vuelve a su país desde Estados Unidos.

Se supone que el daño que hace al país Chapare está en lo que exporta, y no en lo que importa, en lo que sale y no en lo que entra, pero la Policía parece haber entendido al revés.

El mismo reportero cuenta que quedó asombrado por la desolación que hay en las instalaciones de la empresa EBO Coca (Empresa boliviana de la coca). Está permanentemente cerrada.

Es como si Chapare no produjera coca. Se supone que esa empresa se ocupa de rescatar la hoja que se produce en la zona para comercializarla en todo el país, como se hace con la coca de Yungas.

Lo curioso es que no se ve ninguna carga de coca en Chapare. Ningún camión que la traslade en ninguna dirección. Es, me decía el amigo, como si en Porongo no hubiera achachairú.

Da la impresión de que la coca de Chapare se insumiera en la propia región o fuera consumida por los propios productores: lo cierto es que desaparece. Este dato confirma los informes de la ONU según los cuales el 94% de la coca de Chapare tiene destino desconocido, misterioso.

Quizá tenga razón el presidente Evo Morales cuando dice que en Chapare no se produce coca o que los ‘catos’ son solo para los peones. O que la coca también cambia, como el proceso, y cambia de forma.