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Luigi Cominetti es un artista italiano que a sus 75 años todavía tiene las fuerzas y las ganas para trabajar en procura de mejorar la sociedad, ya sea con sus obras o con su fundación Il Ponte Magico, desde donde hace un aporte a la educación de niños, jóvenes y amas de casa de zonas aledañas a la comunidad de Tarumá (a 50 km de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra).

Actualmente, forma parte de la exposición Juguemos al arte, en el espacio de arte Manzana 1, con una serie de mandalas, así como de cuadros y figuras creadas a partir de material reciclado, que se titula Mirá, tocá y creá.

Trabajo
Cominetti lleva años trabajando a partir del reciclaje de objetos: “Lo reciclado para mí es una locura”, menciona. “A mí me encanta, porque una cosa que no sirve más yo la hago revivir”, agrega este milanés, que busca en artículos de madera, botellas, botones y metales su inspiración para crear desde hace 10 años, cuando se vino a Bolivia.

Al país llegó gracias a Mirna Osuna, una boliviana que vivía en Italia, y que le hablaba mucho de visitar su tierra natal. Ambos vinieron juntos por primera vez hace 17 años. Cominetti quedó encantado; cuando vuelven la tercera vez es que deciden comprar un terreno en Tarumá y empezar con Il Ponto Magico, en 2000, y desde 2012 es una fundación con todas las de la ley, en la que han llegado a tener hasta 300 niños, pero por la falta de recursos -humanos y económicos, ya que la sostienen Osuna y Cominetti- decidieron reducir el número de alumnos y hoy son cerca de 70.

En Il Ponto Magico les enseñan cultural general, trabajos manuales, a pintar y a jugar, no existe ningún requisito para su ingreso y no cobran nada por las clases. Desde el 2013, además de los niños, decidieron apoyar a un grupo de madres y les imparten educación sobre alimentación, clases de cocina, cuidado de los niños, y si desean, pueden acceder a las clases de inglés y pintura.

La consigna es dar
Cuando Cominetti le dijo a su esposa, Mirna Osuna, esta le dijo que solo lo haría si era para ayudar a la gente; Cominetti aceptó sin pensarlo y cree que han cumplido a cabalidad dentro de sus límites. La fundación recibe la ayuda de algunos voluntarios extranjeros que vienen durante algunos meses a quedarse y prestarle sus servicios. “Si yo tengo salud y amor, ¿por qué no ayudar?”, se pregunta Cominetti.
“Nuestra consigna es dar y ser feliz”, recalca Cominetti