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Las mañas y prácticas dolosas del Fondioc no desaparecieron con esa entidad, sino que siguen vigentes en el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras. 

Si en el antiguo Fondo Indígena se llegó a desembolsar grandes sumas de dinero para pueblos fantasmas, como sucedió en el Beni, ahora se destinan millones de bolivianos al engorde de ‘vacas fantasmas’, como las que no han llegado al centro estatal de confinamiento de El Tinto, en el municipio de Pailón.

La inexistencia de las 9.000 cabezas de ganado ha intentado ser explicada por el titular de ese ministerio, César Cocarico, con los enredos propios de Mario Moreno ‘Cantinflas’, aunque sin la gracia del actor mexicano.

El caso también incluye posibles sobreprecios en obras de infraestructura y apenas estamos empezando a ver la superficie de los desvíos ligados a proyectos pecuarios, con los que el modelo de corrupción diseñado en tiempos de Nemesia Achacollo ha sido continuado por su sucesor en el cargo.

Es importante recordar los antecedentes en denuncias por irregularidades que pesan sobre el currículum del ministro de Desarrollo Rural, de la época en que desempeñó funciones como gobernador de La Paz. 

Hablamos de la sonada desaparición de 1.500 turriles de cemento asfáltico, que ocasionó un daño económico al Estado de al menos 350.000 dólares y que nunca terminó de ser aclarada por Cocarico.

Al final, los ‘turriles fantasmas’ incidieron bastante en la derrota sufrida por el Movimiento Al Socialismo en los comicios para la Gobernación de La Paz en 2015, ya que la desaparición implicó dejar sin obras a varias poblaciones provinciales de ese departamento. Esto incluso fue reconocido por el propio presidente Evo Morales, quien admitió que el oficialismo recibió “un voto castigo a la corrupción”.     

Ahora, un nuevo Fondioc parece estar apareciendo a la vista, con un entramado de proyectos ganaderos mal administrados, inconclusos o simplemente ficticios, que podrían dar mucho de qué hablar en los próximos meses.