“No puedo creer que hasta ahora no se enseñe la asignatura de música en los diferentes niveles educativos, para elevar la sensibilidad y autoestima de nuestros notables expositores culturales”, me decía hace algún tiempo la destacada pianista y profesora de francés Miriam Durán de Ribera, natural de Sucre, cuyas galas se lucieron en la fronteriza ciudad de Yacuiba y en el norte argentino, a donde llegó junto a su progenitor, don Benedicto Durán Ortiz en 1963 para fundar el colegio Hernán Siles Zuazo. “Me entristece saber que en Bolivia no se hubiera reconocido el efecto positivo para el desarrollo del cerebro de los niños. La música enriquece su emocionalidad y motiva el carácter más sensible de su creatividad. Por eso el Viejo Continente nos lleva una gran ventaja, siendo que en nuestro medio contamos con una cantera de prometedor futuro”, explicaba.

Santa Cruz no es la excepción. En la “época dorada” -1950 y 1960- músicos de talla mayor como los educadores Susano Azogue (violín) y Nicolás Menacho Tarabillo (profesor de solfeo), y el brillante letrista Raúl Otero Reiche, llenaron páginas inmortales del pentagrama regional, con partituras celestiales, cobijados en la Escuela de Bellas Artes. En el imaginario aparecen voces sublimes como las de las hermanas Aidita y Tery Mac Kenny Velasco, bajo los acordes de la inolvidable María Amalia Caro, que pasó a la historia como un ícono irreemplazable del piano de cola. “Interpretaba con donaire y pasión encendida temas de Wagner, Liszt, Beethoven, Weber y Berlioz, intercalando aires regionales como la inmortal Alma cruceña”, comenta su hijo y también notable compositor Chacho Candia Caro.

En la enseñanza de música, el piano es el “instrumento estrella” por antonomasia, porque posee la magia vertical y horizontal en forma simultánea. Además el piano al principio es mucho más fácil, ya que cualquier peso sobre la tecla produce un sonido, no particularmente bello, pero un sonido al fin, mientras que para sacar un sonido de un violín se necesita por lo menos un año.

La enseñanza de la música como asignatura en los programas curriculares de escuelas, colegios e institutos públicos, es una necesidad imperiosa. Así lo ha fundamentado la virtuosa pianista paceña Ana María Vera, que en 1977, a sus 12 años de edad, ofreció en los jardines de la Casa Blanca de Washington D.C., un brillante concierto durante la posesión del entonces presidente estadounidense Jimmy Carter.