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Cada uno de los integrantes de la delegación chilena, al concluir los alegatos bolivianos en el proceso marítimo ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, disparó por su lado.

El agente chileno ante la CIJ, Pedro Grossman, comentó que había llegado preparado para no recibir sorpresas, “pero algunas me sorprendieron. Por ejemplo, el doble discurso que tiene Bolivia en relación con la Organización de Estados Americanos. Todos sabemos las declaraciones que hizo Bolivia respecto a la OEA, y aquí la presentaron como una institución cuyo propósito es la decisión de controversias entre países soberanos, lo que contrasta con su posición oficial”.

De hecho, el Gobierno boliviano, que forma parte de la OEA, sostiene una disputa con el actual secretario general, Luis Almagro.  El presidente Evo Morales lo ha comparado el año pasado con el huracán Irma, porque “destruye principios democráticos” o ha señalado que “hay que dotarle de un siquiatra” por las críticas del número uno de la OEA a los gobiernos progresistas de la región y porque se convirtió, aliado con el expresidente Jorge Quiroga, en un férreo opositor a su repostulación indefinida.

Pero, la política tiene sus idas y vueltas. La relación entre Morales y uno de los antecesores de Almagro, el chileno José Miguel Insulza, fue excelente. Justamente él, durante una visita al país en 2010, comentó: “Admiramos cómo en Bolivia se ha ido transformando la vida, cómo se ha ido permitiendo que la gente viva bien, al mismo tiempo manteniendo la capacidad de diálogo y manteniendo un conjunto de valores que son intrínsecos a la democracia". 

Precisamente Insulza, ayer, comentó que “la OEA no es un organismo supranacional que le puede dar instrucciones o decir cosas a sus países, sino que es un organismo multilateral, destinado más a formar y lograr que se hagan acuerdos que a imponer cosas", y explicó que “las resoluciones no son vinculantes legalmente"; adelantó que "todo eso se va a decir bien en la réplica nuestra".

Otros miembros de la delegación chilena cambian su posición de una semana a otra. El ex candidato presidencial y actual senador Alejandro
Guillier, que generó polémica en su país hace pocos días al sugerir intercambio de territorio por mar, declaración tras la que el presidente Sebastián Piñera admitió que generó fracturas internas, salió ayer con un duro ataque contra Bolivia.

“Una precisión histórica, se dijo que Chile invadió a una población aimara que vivía en Antofagasta. Falso, era un despoblado y Antofagasta lo fundamos los chilenos en 1866. Cuando se produce la llegada del Ejército chileno, eran 400 hombres que estaban desfilando, porque el 95% de la ciudad eran chilenos. No pueden decir que les invadimos, es erróneo”.

El senador destacó que las relaciones en el norte de ese país son muy positivas, “hay familias chileno-bolivianas. Por lo tanto, esa visión histórica que se dio ayer es tremendamente injusta e inexacta, espero se aclare”.

Sobre el fondo, admitió que efectivamente Chile buscó en muchas oportunidades conversar con Bolivia para encontrar fórmulas de salida para ese país que sean beneficiosas para Chile. “Las negociaciones no son regalo, deben buscar intereses compartidos. Buscamos soluciones para ambos, pero lo que entiende Bolivia es que por eso quedamos amarrados, obligados no solo a negociar una salida soberana, eso no es posible”.

Por la tarde, el excanciller Heraldo Muñoz salió para responder a la declaración del jurista Remiro Brotóns, cabeza del equipo jurídico de Bolivia en La Haya, que aconsejó a la vecina nación "tener presidentes como González Videla, auténtico hombre de Estado". “Abogado Brotóns del Gobierno boliviano en La Haya da recomendaciones a Chile muy suelto de cuerpo. Nuestro pueblo soberano debería tener un presidente como González Videla, opina, que persiguió al Partido Comunista de Chile. Muy democrático", respondió en Twitter.

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