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Azul y amarillo, un sentimiento que pocos pueden entender. En eso se resume la primera experiencia de DIEZ por el barrio de La Boca, donde en el corazón de la zona se concentra la gente en busca de una entrada para ver a su tan querido Boca Juniors disputar nuevamente una semifinal de Copa Libertadores.

Las calles, los hinchas y los negocios se alistan poco a poco para recibir el duelo de hoy ante Palmeiras. Un aire de emoción se puede sentir a cada paso que las personas van recorriendo en busca de la puerta principal del estadio. La mayoría en busca del ansiado boleto que les permita ingresar a cualquiera de los cuatro sectores de la Bombonera.

Al ritmo del reguetonero Nicky Jam, los más jóvenes van armando una ‘minifiesta’ en las afueras de la cancha, mientras varias delegaciones de escolares de otras provincias de Argentina van llegando para hacer el tour del museo y llevarse una foto de recuerdo con el sector de la 12 (barrabrava) de fondo.

Pero todo comienza en las aceras del Parque Lezama. Allí los hinchas suelen reunirse para hacer la previa, ya sea con fernet, cerveza o una gaseosa. Todos estratégicamente ubicados porque alrededor se encuentra una serie de bares con las paredes pintadas de color azul, exclusivamente para los seguidores xeneizes.

No solo hay bares, para los turistas de bolsillo más económico y aquellos ‘locos’ que se aventuran a llegar hasta este barrio con pocos recursos, existe el hostal con el mismo nombre del club, donde las personas que se quedan en dicho alojamiento no solo comparten el cuarto, sino también la pasión por el xeneize.

Trabajando a full

En la zona del estadio, siguiendo con nuestro recorrido, se pudo observar a los más grandes compartiendo unos chorizos a la parrilla. La mayoría resignados de poder ir a la cancha y otros aferrados al poder de la radio.

Mientras ellos disfrutan su comida, en la mismísima Bombonera se trabaja sin descanso. La tienda oficial estuvo repleta, la mayoría buscando una prenda para lucirla hoy. Otros visitaron el museo, mientras que los más chicos disfrutaban de la diversión en el snack del primer piso.

Allí mismo se estaban realizando refacciones a contrarreloj. Más tensión había en la sala de prensa, los periodistas tenían el celular en mano en busca de una información primicial para darla en sus programas. Más ajetreada estaba la gente de prensa del club, que perdió los cabales con varios de los colegas por el tema de los cupos y las acreditaciones.

Pese a ello, la gente no paraba de llegar al mítico estadio. La mayoría se coló y pudo ingresar a una de las tribunas para ver cómo los técnicos de la televisión ultimaban detalles en la cancha.

Algunos de los visitantes optan por una selfi y otros prefieren una panorámica de un escenario poco glamuroso como los estadios de Europa, pero lleno de historia y miles de batallas ganadas con el aliento del público local.

No cabe duda que la gente está entusiasmada con el momento de Boca Juniors en esta Libertadores única. Algunos ya palpitan una posible final con River. Un anhelo que tienen la mayoría de los hinchas, de poder ganar su séptima copa venciendo al rival de siempre. Para ello deberán pasar el primer escollo: Palmeiras, pero fuera de la cancha, el partido lo tienen ya ganado, no solo por su sentimiento hacia el equipo, sino porque esa pasión la convirtieron en un estilo de vida.