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Cuando Mitt Romney dijo que no sería candidato a la Presidencia por tercera ocasión, mencionó el deseo de “darles a otros” la oportunidad de ganar la Casa Blanca. No mencionó el histrionismo público que le dedicó Rupert Murdoch, el titán de los medios, que lo había llamado “un candidato terrible” y cuyo Wall Street Journal había sugerido que su candidatura en el 2012 había sido “una calamidad”.

Hay razones por las que una tercera ocasión no demostró ser un talismán para las ambiciones presidenciales de Romney, pero, con seguridad que no ayudó la reprimenda pública de Murdoch.

Tras haber intentado y fallado meterle mano a Time Warner, Murdoch retornó a ser el poder en la sombra. Como el hombre que controla tanto a Fox News Channel como a The Journal, no tiene que presentarse ante el caucus de la circunscripción para ejercer su influencia política. Es evidente que goza de una vida de magnate y titán de los periódicos; lo suficiente para invitar a otros a la fiesta.

“¿Existe un precio para la felicidad de toda la vida de un multimillonario de espíritu cívico y generoso, pero aburrido? Mike Bloomberg puede perfectamente pagar el NY Times”, escribió Murdoch en Twitter, después de que la revista New York informara, con no muchas bases, que Bloomberg podría tratar de comprar el periódico.

Solo dos personas en el mundo podrían sostener esta conversación, ya sea en público o en privado: ambos son dueños de medios neoyorquinos, ambos tienen más dinero que muchas repúblicas soberanas, y ambos son grandes fans de las noticias y de las agencias que se dedican a ellas.

Murdoch tiene un enorme periódico nacional, The Wall Street Journal, y si bien Bloomberg no tiene uno, son jefes supremos en situaciones similares. Así, ésta es la súplica de Murdoch a su amigo Bloomberg: “Vamos, el agua está rica”. No creo que The New York Times esté en venta, pero es un sentimiento revelador, una conversación entre reyes sobre cuáles posesiones son verdaderamente preciosas para hombres que lo tienen todo.

Aún si estuviera en venta The Times, ¿en qué beneficiaría a Murdoch tener un periódico rival en manos de un barón de los medios igualmente adinerado? No lo haría, pero es la naturaleza de Murdoch agitar el avispero y hacer jugarretas. Solo se trata de su versión de diversión; molestar a un competidor todo el tiempo.
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Michael Bloomberg es visto como influyente, poderoso y posible candidato a la Presidencia de EEUU

Michael Bloomberg es visto como influyente, poderoso y posible candidato a la Presidencia de EEUU

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Bloomberg se divirtió a su modo al ser alcalde de Nueva York durante tres periodos. Ahora que está del otro lado de la barrera, no le llevó mucho darse cuenta de que no se quedaría sentado en el asiento trasero de la enorme compañía de datos y medios que construyó.
No conozco personalmente a Bloomberg ni a Murdoch, pero los he cubierto lo suficiente para saber que comparten unos cuantos pasatiempos. Les encantan los chismes, son hostiles sabuesos de las noticias y les encanta involucrarse en todos los aspectos de la producción de las noticias. También les gusta ejercer influencia en cómo evolucionan.

Bloomberg se formó como ingeniero y es racionalista por excelencia, mientras que Murdoch ascendió en el mundo de los tabloides y depende de sus instintos. Ninguno parece particularmente interesado en el dinero en la forma en la que solo los fabulosamente ricos pueden estar desinteresados en el dinero, y a ambos les encanta ganar. Más allá de los negocios y la política, parece que no es mucho lo que los anima.

Observar a Murdoch, que controla y es dueño de grandes porciones de un estudio cinematográfico, un canal de noticias en la televisión y un periódico, además de televisoras de todo el mundo; y Bloomberg, que es dueño de un negocio mundial de terminales y datos, junto con varios activos en medios, es fácil adivinar que la construcción de un imperio es parte de un plan, gigantesco y unificado. Para proyectar poderío, pocas cosas son tan efectivas como ser dueño de propiedades mediáticas enormes y vibrantes. Desde que regresó a su compañía, Bloomberg (72 años) ha dedicado gran cantidad de dinero a rehacer sus operaciones mediáticas.

Murdoch pagó infinitamente más por The Journal, y sigue apoyando al New York Post a pesar de que pierde dinero. Según todos los testigos, está muy involucrado en sus periódicos y no hay detalle demasiado pequeño que no amerite su interés.

Son hombres de negocios extremadamente exitosos que pasan muchas horas en las partes no económicas de sus negocios. Lo hacen por dos razones: porque pueden y porque es divertido. Hasta quienes no somos multimillonarios podemos decir lo mismo: generar contenidos mediáticos es una actividad divertida que raras veces se parece a un trabajo real.

A los 83 años, Murdoch ha visto ir y venir unas cuantas elecciones presidenciales y, con Fox News y The Journal, intervino para influir en ellas. Australiano de nacimiento, que se hizo ciudadano estadounidense, hace poco dijo que no se disculpa por su interés en la política estadounidense. A Bloomberg se lo percibe como centrista y está entre los perennemente mencionados como posible candidato.

Ejecutivos en Bloomberg dicen que todas las inversiones en medios se tratan de canalizar el tráfico al negocio de las terminales, pero yo no lo creo. La compañía no contrató a Mark Halperin y a John Heilemann, reporteros de política desde hace mucho, a un costo de un millón de dólares cada uno, para operar en los confines de alguna terminal financiera. En un clásico juego de influencias, es una forma de ganar estatura y aceptación.

Y, mientras todos alrededor de Murdoch estaban en contra de comprar The Journal en el preciso momento en que parecía que los periódicos estaban más asediados, prosiguió a hacerlo de todas formas. Porque quería y porque podía.

En el “Citizen Kane”, Walter Parks Thatcher, su asesor y tutor legal, le notifica a Charles Foster Kane que está perdiendo muchísimo dinero con sus periódicos. “Tiene razón, señor Thatcher”, responde. “Perdí un millón de dólares el año pasado. Espero perder un millón de dólares este año.
Espero perder un millón de dólares el año entrante. Sabe, señor Thatcher, en una proporción de un millón de dólares al año, tendré que cerrar este lugar en 60 años”