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El fotógrafo Fernando Miranda ni es un nostálgico de la manera tradicional con la que hasta hace algunas décadas se sacaban fotografías ni es un excéntrico que busca llamar la atención haciendo imágenes ‘vintage’. Miranda tiene argumentos para defender las virtudes de la fotografía analógica y sobre todo lo respaldan 30 años de labor en las que ha abordado diversos géneros fotográficos.  

Es precisamente de su trabajo y de la manera en que entiende la fotografía, que hablará hoy, a las 20:00, en la Alianza Francesa y que luego ampliará en tres talleres que impartirá en Lino Fotografía.

Miranda nació en La Paz en 1970 y se radicó en Argentina en 1985, pero fue cuatro años después que incursionó en la fotografía, mientras estudiaba la carrera de Técnico  en Sonido de Grabación y Música. Su primer maestro fue Juan Laguna, fotógrafo publicitario de distintas editoriales y en 1997 estudió con la pintora y fotógrafa Pirucha Ginefra en el Centro Cultural Spilimbergo y posteriormente con el fotógrafo Juan Travnik. Mientras desarrollaba su trabajo en la fotografía impartió clases y ya con una carrera consolidada decidió regresar al país, donde ha profundizado en el documentalismo y el retrato. Parte de ese trabajo lo exhibirá en mayo en España, donde realizará exposiciones en Barcelona y Gijón y participará con una muestra en el prestigioso festival de fotografía analógica Revela- T. 

Además de impartir un taller de retrato, Miranda enseñará la manera de digitalizar  imágenes de negativos y de fotografía analógica, la que dice, “Han matado en el país”, porque ya no se consiguen los recursos para hacerlas. 

¿Por qué volver a hacer fotos a la antigua? Para Miranda hay muchas razones. “Primero que nada, el blanco y negro de la fotografía  analógica  es único, pareciera que fuera en tres dimensiones, mientras que en digital  solo logras imágenes  planas. Ganas en el enfoque, pero pierdes los matices. Además debes  saber lo que quieres cuando disparas, porque solo tienes un rollo de 36 fotos. En digital veo que los colegas se gastan 16 gigas,  en miles de fotos. Es bastante caótico. El analógico ha pasado a un plano más artístico o si quieres llamarlo, más personal”, afirma Miranda. 

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