Opinión

... cara a cara

El Deber 11/11/2018 04:00

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Las productivas tierras del oriente son botín apetecible para los avasalladores que se descuelgan, en su mayoría, desde las partes altas del país, para promover asentamientos y distribuciones irregulares, en tanto se hacen las despistadas entidades y autoridades llamadas por ley a evitar y sancionar los atentados contra la propiedad privada y el medioambiente. No se aplica la norma ni se deja sentir la ‘mano dura’ anunciada, una y otra vez, contra los usurpadores. El bloque chiquitano está en emergencia por asentamientos ilegales en la región que incluso afectan zonas protegidas hasta donde se han extendido cultivos ilegales de coca para la fabricación de droga. Santa Cruz genera el 75% de lo que comen los bolivianos y la toma de tierras tiene impacto directo sobre la producción de alimentos. En estos casos de avasallamientos salvajes, es tiempo de poner las cosas en su sitio.

México sigue soportando el azote de la violencia cuyos desbordes, por causa del crimen organizado y las pugnas entre los cárteles de la droga, son despiadados e irrefrenables. Una de las últimas víctimas fue la joven hija de una diputada, acribillada mientras se ejercitaba en un gimnasio de la capital azteca. La madre se informó de la tragedia en plena actividad parlamentaria. La versión oficial sobre el hecho señala que la mafia mató a la muchacha por ‘error’ al confundirla con otra persona. Que el buen Dios nos libre de flagelo semejante.

La ignorancia y/o la falta de conciencia ciudadana está convirtiendo la nuestra en una ‘ciudad de plástico’ donde tiende a incrementarse el uso de bolsas plásticas, un material contaminante que demora más de 100 años en degradarse. En Bolivia, su utilización alcanza a 1,3 millones de unidades por día. El 40%, unas 500 mil, corresponde a Santa Cruz de la Sierra. Somos los mayores consumidores de bolsas plásticas que, después de ser desechadas, se observa por doquier a merced del viento o arrojadas desaprensivamente por malos vecinos desde vehículos en marcha. Hay que estimular el uso de bolsas de tela o de envases reutilizables al momento de realizar compras. Con un simple cambio de hábito se beneficiarán el medioambiente y la imagen de la ciudad.