"Waterloo, la locura y la grandeza. El horror y el genio. La tragedia y luego la esperanza", declaró en la ceremonia oficial el primer ministro belga, Charles Michel. "En realidad, más que una batalla, es una reconciliación lo que yo quiero celebrar", añadió.

La ceremonia se llevó a cabo al pie de la famosa Colina del León, erigida en el campo de batalla, a la hora exacta en que Napoleón lanzó, hace 200 años, las hostilidades contra los ejércitos anglo-holandeses del duque de Wellington.

Bélgica, que durante siglos fue el campo de batalla de las potencias europeas, quiso convertir la conmemoración del bicentenario en una oportunidad para lanzar un mensaje de reconciliación y de unión, afirmó el gabinete del primer ministro belga.

Sir Eduardo, el duque de Kent y primo de Isabel II, representaba a la reina de Inglaterra y el comisario Frans Timmermans, a la Unión Europea, tanto el presidente francés, François Hollande, como la canciller alemana, Angela Merkel, enviaron a sus respectivos embajadores.

"Se nos reprocha, según escuché esta mañana, que no estemos presentes el presidente de la República y yo, para llorar por ese momento temible que vivió nuestro país", ironizó este jueves en París el primer ministro francés, Manuel Valls.

A Francia no le gustó que hace unos meses Bélgica decidiera acuñar una moneda de 2 Euros en conmemoración de la batalla de Waterloo.

La nota discordante de la jornada llegó de parte de Nigel Farage, líder del eurófobo Partido para la Independencia del Reino Unido (UKIP), para quien la derrota de Napoleón constituye una "victoria contra un proyecto de una Europa unificada".

La misma convicción

"No tenemos problemas para compartir la misma convicción. Los beneficios de la paz son más creativos que la guerra", afirmaron en cambio en una declaración conjunta los cuatro descendientes de los jefes militares de entonces.

El rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos, cuyo ancestro el príncipe de Orange resultó herido en Waterloo; Arthur Wellesley, hijo del noveno duque de Wellington; Nikolaus Blücher von Wahlstatt, cuyo ancestro era comandante de las tropas prusianas; y Jean-Christophe Napoléon Bonaparte, actual pretendiente al título imperial, colocaron bajo un cañón cuatro cintas que recuerdan los estandartes de 1815 (naranja, rojo, negro y azul).

La batalla de Waterloo tuvo lugar tras la vuelta del exilio de Napoleón de la isla de Elba en la primavera de 1815. En pocas semanas reconstruyó el ejército francés, que en la campaña de Bélgica llegó a tener más de 93.000 hombres.

En Waterloo, pudo hacer frente durante unas diez horas a las fuerzas aliadas, británicas, alemanas y belgo holandesa, de Welllington y al ejército prusiano del mariscal Blücher, que sumaban un total 125.000 hombres.

Pero la contienda terminó con la derrota de Napoleón, que abdicó el 22 de junio y murió prisionero de los ingleses el 5 de mayo de 1821 en Santa Elena, una isla del Atlántico Sur.

Las grandes ceremonias de conmemoración que empezaron este jueves durarán hasta el sábado y las 180.000 entradas puestas a la venta para asistir se vendieron rápidamente.

Unas 11.500 personas asistieron el jueves por la noche al espectáculo pirotécnico `Inferno´, inspirado en un poema de Victor Hugo.

No obstante, el principal acontecimiento tendrá lugar el viernes y el sábado por la noche, cuando más de 5.000 figurantes con vestidos de época, 360 caballos y un centenar de cañones recrearán los momentos clave de la batalla.