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Si de algo puede jactarse ahora María Cecilia Sanabria Salmón (42) es de haber encontrado el equilibrio que perdió por un buen tiempo. 
Casada con Andrés Herrera desde hace 16 años, madre de Lucía (13) y de Florencia (9), la exmagnífica está concentrada en sacar provecho a su experiencia en el mundo del modelaje y de la moda, ahora como influencer en redes sociales, y a disfrutar de la familia que recuperó hace más de un año, luego de casi 12 meses de separación matrimonial.

Espontánea y tan positiva como siempre, no se hace problemas para responder a todo e invierte poca o nada de energía en malos recuerdos, aunque los ojos húmedos son inevitables.

Dejaste la tienda de ropa por la incertidumbre de las redes sociales...

Soy una persona muy positiva, lo que hace que uno crea es la actitud ante la vida. Todo tiene su etapa y se presentó la oportunidad.

Se cree que algunos son influencers para tener ropa y gustos gratis.

Los influencers hacen un trabajo; hay una labor previa de selección, de edición, de pensar las cosas, de seguir páginas de moda. En mi caso, es fruto de algo que he aprendido durante todos estos años. Siento que estoy cosechando.

¿Se gana más de modelo o de influencer?
En mi época de modelo la situación económica era diferente, ahora vivimos el trueque, el intercambio, antes pagaban ‘cash’. Uno como magnífica trabajaba con marcas como Paceña y no te iban a pagar con cerveza.

¿Se vive de ser influencer?  
Es más intercambio, pero en algún momento tendrán que pagar efectivo; para mí esto es un trabajo y lo digo porque primero he sido magnífica, después modelo y ahora siempre ando pensando qué me voy a poner, cómo sacaré la foto y creo que merece su reconocimiento económico. Gracias a Dios no vivo de esto. Con mi marido tenemos la empresa de golosinas La Calesita.

Pasaste por una crisis con él. ¿Cómo se sostienen 16 años de matrimonio?
Con mucho amor, donde hay amor habrá familia. Apegándote primero a Dios, luego a tu marido y a tus hijos. En este tema, con toda sinceridad, creo que eso de que la mujer quiera parecerse al hombre, hasta cierto punto es bueno, pero para mí el hombre siempre debe llevar la batuta en el hogar y la mujer es quien pone la armonía, la ternura; queremos igualarnos, y ahí es donde fallamos. Si sos agradecido con lo que tenés y dejás de mirar lo que tiene el prójimo, vas a empezar a valorar tu matrimonio; es mi consejo. Tuve crisis en mi matrimonio y gracias a Dios lo restauré.    

Pueden criticarte por eso.    Le estoy dando valor a la mujer, el papel que tiene para ser guerrera y para no caer nunca.

¿Cómo se hace para perdonar con tanta exposición?
No podés tomar una decisión basada en lo que digan los demás, porque quien llevará esa decisión sos vos.

¿Esta sociedad perdona cuando uno se equivoca?
Esta sociedad perdona todo, lo principal es perdonarse uno mismo.

¿Perdonaste tus errores?
Por supuesto que sí, todas las personas nos equivocamos; nadie es perfecto, solo Dios (lagrimea).

¿Por qué te emocionás?
Porque tiene que ver con lo más importante, mi familia.

¿Cómo se vive la familia después de la restauración?    Es como empezar de cero, volver a construir. No es lo mismo que cuando te casaste joven, ahora estás restaurando y el esfuerzo quizás es mayor. Un matrimonio restaurado es como el ave fénix que de sus cenizas resurge.         

¿Se siente el mismo amor después de un año separados?
Mucho más. Ahora vas a tener algo más de cuidado, con más entrega, con amor más maduro, sólido, cimentado.

¿Es difícil estar casada?
No es difícil, lo que pasa es que el ser humano se complica y es una lucha diaria, permanente, con la cabeza y con el corazón, para tener paciencia, perdón, no juzgar, ser agradecido. Tenés que ponerle el hombro y ponerle el pecho, es una lucha. Te irá de acuerdo a la actitud que le pongás.

 ¿Que tienen de bueno la familia y el matrimonio?
La familia es tu cable a tierra, te da estabilidad, claridad, paz, verdadero amor.

¿Cambiaron las reglas?
Cuando uno tuvo una crisis y tocó fondo, algo de bueno se puede rescatar, entonces cambiaron las normas, horarios, hábitos.

¿Cómo se aviva la pasión después de tantos años?
Uno la tiene que buscar. Siempre habrá salida para todo porque son 16 años, casi 20 de matrimonio, y gracias a Dios vamos por más.

¿Te imaginás de viejitos?
Me imagino midiéndole la presión o dándole la tableta para el reuma, o él a mí para el dolor de mano. Lo importante es ser cómplices, compañeros. Quizás hace más de 10 años me hubiera parecido ridículo.

¿Tu optimismo es aliado para las crisis?
Juega a favor.

¿Cecilia?
Auténtica y alegre.

¿Andrés?
Mi valiente marido.

¿Tus hijas?
Mi luz y mi flor.

¿El matrimonio?
Eterno amor.

¿El perdón?
Indispensable.

¿Los errores?
Se cometen.

¿Dios?
Mi todo.

¿La apariencia física?
Importante.

¿Arrugas?
Llegan, las tengo.

¿La vejez?
Miedo a los achaques.

¿Miedos?
A las ratas, a los túneles oscuros. Hay momentos en que a uno se le cruzan todo tipo de temores, pero hay que sacarlos; que duren medio segundo.

¿Infidelidad?
Sucede.

¿Divorcio?
Una pena, pero se da.

¿Felicidad?
El momento que vivo ahora.