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El México de 1968 tenía todos los indicadores para ser considerado el país más moderno de América Latina (aunque geográficamente está en Norteamérica). El presidente Gustavo Díaz Ordaz estaba a cargo de un país con una economía en auge y una clase media que, en su mayoría, era capaz de enviar a sus hijos a la universidad por primera vez en la historia del país. La Ciudad de México se estaba preparando para ser sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 1968, que se inauguraron el 12 de octubre.

La Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) consideró que la Ciudad de México era completamente segura para el vicepresidente Hubert Humphrey, que visitaría la urbe. Desafortunadamente, el 30 de julio de 1968, un grupo de estudiantes de secundaria comenzó una pelea callejera después de un partido de fútbol. La pelea se descontroló tanto que alguien llamó a la policía antidisturbios, pero no pudo dispersar a los estudiantes. Se resistieron a la Policía durante varias horas, lo que provocó que se convocara al Ejército para retirarlos de la Escuela Nacional Preparatoria en San Ildefonso. Durante el proceso de expulsión, el Ejército mató a varios estudiantes en el edificio.

Los estudiantes de todo el país, que ya estaban indignados por las acciones del presidente Díaz Ordaz, se unieron y la imagen perfectamente construida de un México pacífico y progresista se derrumbó de la noche a la mañana. Los estudiantes salieron a las calles para protestar no solo por la brutalidad policial, sino también por la falta de un gobierno verdaderamente democrático. Afirmaron que el presidente gobernaba más como un dictador que como un funcionario electo. Gritaron contra el control de los medios de comunicación y la prohibición de las protestas dentro de la ciudad de México. Los sindicatos de trabajadores independientes también fueron severamente reprimidos.

Las protestas estudiantiles se volvieron comunes, al igual que la brutalidad de la Policía. Una protesta el 27 de agosto en el Zócalo, la plaza principal de México, atrajo a una multitud que alcanzó medio millón de personas. Esa protesta estuvo marcada por los estudiantes, que lucharon contra los soldados. La protesta ocasionó que el presidente Díaz Ordaz se endureciera más. La ciudad parecía un Estado policial.

Punto de quiebre

Las tensiones alcanzaron un punto de ruptura el 2 de octubre. A diez días del inicio de los Juegos Olímpicos de Verano en la Ciudad de México, el Gobierno de Díaz Ordaz enfrentó una presión tremenda para poner fin a las protestas antes de que los medios de comunicación mundiales llegaran a la ciudad. El interés de los estudiantes había empezado a disminuir, y hubo una discusión entre algunos sobre si debían o no regresar a las clases. Entonces, entre 4.000 y 5.000 estudiantes se reunieron en la Plaza Tlatelolco el 2 de octubre.

La razón de la protesta varía según la fuente. La CIA de los Estados Unidos afirmó que los estudiantes estaban tratando de cancelar los Juegos Olímpicos; miembros de la prensa dijeron que los estudiantes exigieron la liberación de los estudiantes encarcelados durante otras protestas; otras fuentes declararon que los alumnos simplemente se reunieron para ver qué sucedería después durante el movimiento.

La Policía y los soldados rodearon la Plaza Tlatelolco cerca del final de la protesta. A medida que se acercaban a la multitud de jóvenes, se escucharon disparos desde uno de los edificios que bordean la plaza, e incluso se hirió al general de brigada José Hernández Toledo del Batallón de Paracaídas. Luego, los soldados dispararon sus armas contra la multitud mientras un tanque se desplazaba. El estudiante David Huerta describió más tarde el evento.

“Ellos (el Ejército) comenzaron a avanzar hacia la multitud. En algún momento, escuchamos algunos disparos. No sabíamos de dónde venían. Y segundos después se desató el infierno. Alguien dijo que no eran balas reales, sino de fogueo. No te asustes, no te asustes, mantente tranquilo. Pero no eran balas de fogueo”.

La verdad, oculta

Los informes oficiales indicaron que el número de muertos era cuatro, pero los hospitales locales informaron que el número real llegaba a veintiséis. Las cifras posteriores afirmaron que 100 resultaron heridos y más de 1.000 manifestantes fueron detenidos por el Ejército mexicano. Desde entonces, se estima que la cifra de muertos ha sido mucho mayor, entre 40 y 300. El Gobierno mexicano afirmó que los disparos de los edificios provenían de agentes comunistas que se habían infiltrado en los manifestantes estudiantiles. El presidente Díaz Ordaz también culpó a las protestas violentas, como la del 2 de octubre, a la Unión Soviética y al gobierno cubano. El mismo EEUU ha refutado estas afirmaciones.

 

Gustavo Díaz Ordaz. El presidente dio la orden para que actuara el Ejército. Cada año, una estatua suya es vandalizada
Disparos. Se escucharon tiros y los soldados respondieron. Eran francotiradores del Gobierno.