Opinión

Picana arquitectónica plurinacional

El Deber Hace 12/21/2017 8:00:00 AM

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A riesgo de que los afanes de fin de año no permitan su lectura, comienzo mi nota señalando que la cartelera informativa de este último mes del año es comparable a una picana navideña. Dependiendo del comensal,  puede ser sabrosa o muy suculenta para digerirse en un clima estresado y conflictivo. La mesa está servida. 

A primera vista, la ‘picana arquitectónica’ despierta mi atención. El emplazamiento de la pequeña casita de adobe en la plaza Murillo, centro del poder de la sede de Gobierno, sorprendió al fundirse al paisaje urbano. Resultó ser el hito de la parafernalia política prenavideña. Es la máxima expresión del mestizaje que la infructuosa propuesta descolonizadora y anticapitalista se empeña en negar.  Rodeada del moderado esplendor de los edificios predominantemente republicanos, de la catedral con su huella colonial y la grosera sombra de la Casa Grande del Pueblo, la réplica de la modesta vivienda que algún día cobijara al niño Evo eclipsa la tea de Pedro Domingo Murillo y su proclama libertaria.  

Pocos se percatan del mensaje subliminal  de tan insólita ocurrencia. ¿Fue de algún ‘llunku’ palaciego o de un estratega ‘goebbeliano’ para reafirmar la  adhesión  de la legión de creyentes al proceso de cambio? ¿Intenta ir de la confianza y admiración al jefe  a su  veneración por ser ‘faro, luz y guía de la patria y la humanidad’?   

A la par de la evocación de la llegada del Salvador, hoy la plaza Murillo sigue siendo la de siempre. Asediada por la recurrente resistencia al abuso del poder y la picana de  pluriconflictividad y desconfianza en las leyes y la justicia. Esta vez vestida de blanco. Tuvieron que pasar 11 años para desnudar el olvido del sector de la salud, desplazado por el MAS, por los privilegios y la prioridad presupuestaria a favor de la Policía y las FFAA, de la escuela antiimperialista y de su vanguardia cocalera.   

Hoy, la mejor postal de la Bolivia plurinacional es la magistral imagen que, en perspectiva, nos muestra  la precaria casita de adobe , el Palacio Quemado y la ostentosa Casa Grande del Pueblo y su cuestionado confort capitalista. Después de 11 años, la ‘evonomics’ desvela ser una picana discursiva disonante. Lo hace en medio del auge del mercado, del despertar de una febril cultura consumista, de la mendicidad invariable  en las calles del nuevo tiempo y  del reino de la informalidad económica y sus múltiples formas de explotación también capitalista. 
A pocos días de la Navidad,  temo que la  picana de la impostura y del conflicto  poco contribuirá  a la unidad de la familia boliviana. Pese a ello, mi deseo es superar  la resignación y el pesimismo. Que la energía divina nos dé paz, salud, dignidad, solidaridad, coraje y sabiduría.