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El ministro de Autonomías, Hugo Siles Núñez del Prado, advirtió de que al Gobierno de Evo Morales le preocupan las operaciones de espionaje que despliega la República de Chile, tal como ha denunciado el Gobierno de Perú en las últimas semanas, y que podrían afectar a objetivos nacionales.

Durante un diálogo con EL DEBER, el dignatario de Estado destacó que, con estas maniobras, Santiago de Chile mina la confianza y la certidumbre en las relaciones internacionales en la región.

Chile y Perú se han enfrascado en las últimas semanas en una grave denuncia de espionaje que ha puesto en duda, incluso, los tiempos para la aplicación del fallo del Tribunal Internacional de La Haya sobre límites marítimos. ¿Cómo ve usted este caso?

El caso de espionaje que ha denunciado Perú enrarece el clima que, inicialmente, estaban construyendo ambos países tras el fallo del Tribunal Internacional de La Haya que auguraba un proceso con normalidad de relaciones y ciertos niveles de coordinación en la ejecución de la resolución. Ambos Gobiernos estaban decididos a establecer los límites marítimos y demás detalles del fallo.

Era un trabajo técnico que exigía mucha coordinación entre ambos países. Con este supuesto hecho de espionaje chileno hacia Perú se reitera nuevamente, como en varias oportunidades en el pasado, la reiterada acción de espionaje.

Al menos en tres ocasiones ocurrió lo mismo, generando un clima de comunicación diplomática entre Santiago y Lima que, sin duda, está generando repercusiones –incluso– sobre el fallo del Tribunal Internacional de La Haya.

Chile tiene antecedentes de otros conflictos con Perú por espionaje, ¿estamos frente a un Estado espía?
Después de la Guerra del Pacífico se registran entre ambos países varios incidentes.

En la década de los años 70, uno muy significativo, durante la Presidencia de Velasco Alvarado. En ese momento, en Perú, hubo un importante proceso de reequipamiento militar, lo que afectó a la balanza militar y las hipótesis de guerra entre ambos países. Por ese motivo, las denuncias de espionaje chileno que están registradas en la historia.

En 1978 y en 2009 fueron los más marcados, donde ha habido acciones diplomáticas. Incluso, en 1979, en Perú, fusilaron al suboficial de la Fuerza Aérea Peruana Julio Vargas Garayar por “traición a la patria”.

Estos antecedentes se van a recrudecer a partir de la compra de equipos y de aviones, de un rearme militar peruano, que supuestamente llevó a dichas acciones de espionaje, pese a que Santiago siempre lo ha negado.

Estas operaciones apuntaban a la vigilancia chilena sobre los equipos militares, los aviones peruanos y los desplazamientos de soldados hacia Tacna. Siempre hubo entre ambos países una hipótesis de guerra. Aún hoy, pese al fallo del Tribunal de La Haya, ambos países no salieron del esquema de las posibilidades de llegar a una conflagración bélica

¿Le preocupa que Chile pueda estar realizando estas mismas actividades sobre intereses bolivianos?
Estos antecedentes con Perú podrían haberse extendido hacia otros países.

El eje clásico que trazó Chile entre Santiago-Quito-Brasilia-Asunción se configuró para poder protegerse frente a eventuales conflictos con los países con los que no se había resuelto diversos puntos. Estas manifestaciones de preocupación que hoy exalta Perú, también se pueden extender hacia nuestro país.

No podemos descartar que el vecino país (Chile) también haya hecho uso de esta observación de espionaje.

Por lo menos, en el caso boliviano, no habría qué observar en términos de un rearme militar. Con Perú sí, los objetivos siempre fueron la observación del equipamiento y el rearme militar de Lima.

En el caso boliviano esa figura no existe porque nosotros siempre hemos sido un país pacifista, con una vocación muy ajena al rearme militar. Después de 30 años, recién hubo una compra de seis aviones chinos K-8 KaraKorum. Pero el Ejército boliviano ha tenido en esta época alguna actualización y algunas compras como parte de la sustitución de los viejos equipos.

En cambio, con Perú sí hubo un desbalance en términos de fuerzas militares.

Por eso es que hubo esta recurrente forma de supuesto espionaje.

Preocupa porque, mientras en la región ya hemos alcanzado niveles de integración muy cercanos en términos de las instituciones regionales y, de hecho, tenemos una zona pacífica en el mundo y menos de contribución a armas nucleares ni estamos en los esquemas de hipótesis de guerra, estos hechos pueden generar desconfianza y expresiones que reaviven los nacionalismos.

¿En qué medidas los operativos de espionaje son parte de las relaciones internacionales?
En todo contexto de la seguridad internacional, el espionaje y las rivalidades siempre han traído consecuencias que son sensibles para las relaciones entre los Estados.

Durante la Guerra Fría, el espionaje entre las principales potencias, en particular entre la exUnión Soviética y Estados Unidos, llevó al mundo a un plano de desconfianza y de desequilibrio en los conflictos localizados, lo que puso a todos frente a una eventual Tercera Guerra Mundial. Por eso, estos temas preocupan. Mucho más, en un continente de vocación pacífica como es América Latina.

¿Qué acciones puede adoptar Bolivia para evitar esta eventualidad?
Es muy difícil. Hoy, con los avances tecnológicos es muy difícil desarrollar contenidos de protección frente a estos hechos de espionaje.

Hace muy poco los cables de WikiLeaks y todo ese descubrimiento sobre las operaciones de espionaje y vigilancia de Estados Unidos han desnudado la fragilidad de los Gobiernos, incluso en Estados con mayor avance tecnológico como Brasil y Alemania, que han sido víctimas de un espionaje informático, demostraron las dificultades que hay para evitar estos fenómenos. Habría que invocar a los países de la región a mantener otro tipo de acciones y de conductas que no sean recurrentes a este tipo de hechos.

Solo en el plano diplomático podríamos asumir algunas acciones, como seguramente lo va a hacer Perú. En relación con estos hechos, no se puede aplicar la reciprocidad.

No recomendaría entonces el contraespionaje…
El contraespionaje podría aumentar la desconfianza entre los Estados y generar una escalada sin control.

Lo máximo que podría pasar en términos diplomáticos es que Perú retire a su embajador en Santiago y que envíe notas diplomáticas de reclamo que lleven a una crisis en la relación, de acuerdo con la gravedad del asunto. Más allá de eso, difícilmente ocurra.

Todos los Estados de la región, en la Junta Interamericana de Defensa de la Organización de Estados Americanos (OEA), cada año, informan sobre todo el componente militar.

Esta es una forma de transparentar el contenido de las compras y los gastos militares. Obviamente, entre lo que informan y lo que realmente existe, puede haber una diferencia.

Por eso, los espionajes tratan de hacer un monitoreo y seguimiento a este tipo de informaciones. En este caso, Chile siempre hizo una acción de observación y de supuesto espionaje por el equipamiento militar de Perú.

¿El espionaje está prohibido como práctica internacional?
El espionaje tiene una connotación de rechazo a nivel de las convenciones de las Naciones Unidas.

Por eso, los espías actúan desde el plano clandestino y a la hora de ser apresados no revelan sus instrucciones.

Es un apartado de Inteligencia de los Estados, no tiene un componente oficial y se mantienen ocultos de los aparatos oficiales.

El espionaje es condenado, pero no existe una figura específica de derecho internacional que permita establecer sanciones entre los Estados. Esto se establece más bien entre dos Estados afectados por el problema, pero no hay una condena específica sobre el espionaje a escala mundial.

Más allá del espionaje,

¿cómo ve este cruce de acusaciones entre el Gobierno boliviano y Chile por la demanda marítima que se ha presentado ante La Haya?

Nuestro país está concentrado en la demanda marítima que se ha presentado ante el Tribunal Internacional de La Haya.

Definitivamente ha tenido efectos en cuanto a la explicación y la difusión que ha hecho nuestro país hacia el mundo sobre las razones que nos han llevado a promover esta demanda frente al vecino país. Pero nuestra difusión está enmarcada dentro de la solución pacífica de las controversias y hemos hecho uso de nuestro derecho a difundir las razones por las cuales hemos llevado adelante este proceso.

Esto nos ha llevado a un ambiente reactivo que ha promovido el vecino país de Chile. Esto forma parte de la tradición chilena cuya política exterior tiene tres componentes: la confusión, la dilación y la retardación.

La diferencia, hoy, es que la tecnología y los medios nos han llevado a una cercanía entre Estados que permite que nuestra demanda tenga mayor difusión y alcance.

Por eso, la caja de resonancia de la causa marítima, en términos relativos, nos favorece, porque el mundo está conociendo las razones por las cuales Bolivia demanda la recuperación de un acceso soberano al océano Pacífico. Más allá de las acusaciones y contraacusaciones, es un proceso y una hoja de ruta que nos permite innovar en política exterior sobre el tema marítimo con mayor certidumbre