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Sergio Antelo (1941-2018) puede ser reconocido como uno de los principales ideólogos cruceños de los últimos tiempos. Fue uno de los precursores y mayores teóricos de la autonomía, que desnudó al colonialismo interno despótico del poder andinocéntrico. La construcción de sus ideas políticas durante tres décadas tuvieron como principales fuentes de observación el estudio de la relación región-Estado, y donde su principal reflexión estuvo dirigida a la historia e identidad del pueblo cruceño. El resultado fue plantear un perfil ideológico: el nacionalismo identitario camba. 

En su primer libro, Centralismo y estructuras de poder. Radiografía del centralismo boliviano (1985), anota cuatro ámbitos descentralizadores de un nuevo Estado: 1) la política, es decir, la democratización del poder del Estado mediante la constitución de los poderes estatales a escala departamental y/o regional, dotados ellos de la suficiente capacidad autonómica para determinar políticas sectoriales en sus propios ámbitos territoriales; 2) la del aparato burocrático estatal, es decir, la democratización de la administración pública nacional, para trasladar las funciones estatales del centro hacia la periferia nacional; 3) la económica, lo que significa democratizar la riqueza nacional y 4) la territorial, o sea, democratización del Estado en su versión territorial. Según el autor de marras, estos serían “…los cuatro pilares que podrán sostener las Autonomías Regionales relativas, única salida posible para superar en el marco democrático la crisis estructural del Estado nacional boliviano”.

En Los cambas, nación sin Estado (2017), Sergio Antelo describe con detalle la alternativa del Estado asociado. Asume “que Santa Cruz, como expresión de la cultura camba, es un pueblo-nación que puede construir su propio Estado sobre la base de la aplicación del derecho de libre determinación…”. “… Esta nueva forma de articulación estatal, de esencia confederal, definirá un nuevo país que puede ser la suma de un conjunto de Estados asociados, más democrático, pero ante todo más viable”. Así, la nueva estatalidad boliviana sería construida sobre la base de un conjunto de “Estados asociados”, los mismos que, aun asumiendo su propia identidad e independencia política y económica, no dejarían de ser bolivianos”. Sus bases conceptuales son “…la de un Estado Autonómico de Plataforma Federal, Múltiple y Plural…”.
En su último libro, 1877. Rebelión en las sombras (2018), refiere 5 contradicciones fundamentales que inviabilizan nuestro desarrollo: 1) Centro/periferia, donde el poder centralista ejerce un colonialismo interno, étnico/cultural; 2) geopolíticos, entre la realidad geográfica y cultural dominantes de las vertientes Pacífico/Atlántico; 3) sociales, entre las nuevas burguesías emergentes andina, que se alimenta de una tradición minera, y la transnacional cruceña, cuyo poder económico se basa en la agroindustria, y finalmente, la de los partidos políticos de factura “nacional”/nuevos movimientos “regionales o municipales”.
Respecto al calificativo de separatista que se le atribuye a Sergio Antelo y al movimiento “regionalista cruceño” por pretender “… descuartizar el ‘Estado ficción boliviano’, como si este fuera una vaca de matadero”, este enfatiza sin duda alguna: “Nada más falso”. La otra muletilla del centralismo que se le inculpa al ideólogo es de imputarle doctrinas foráneas como el nazi-fascismo. Los refuta afirmando que sus detractores no toman en cuenta “…el contenido reaccionario de los indigenismos estatales vigentes, los mismos que pretenden implantar nuevos imperios teocráticos…”. 
Como investigador, fue un crítico valiente y objetivo. Aun siendo un hombre de vanguardia, comentaba “que el problema de los izquierdosos bolivianos es que no son socialistas ni de izquierda, son simple y llanamente oportunistas”. Del mismo modo, reprochó a aquel empresariado regional “cuyo patriotismo se halla en el fondo de sus propios bolsillos”, carente de principios y valores, que no defienden las justas aspiraciones de Santa Cruz. Los espeta diciendo: “La patria se construye poniendo, no sacando”.

No tengo dudas de que el futuro explicará de mejor manera los planteamientos de Antelo Gutiérrez. Deja una tarea pendiente: “Es necesario abrir la anchurosa calle del debate para que la sociedad se pueda ver desde dentro”.  Por ello, si bien su cuerpo no está más con nosotros, sus ideas continuarán generando opiniones a favor o en contra. Todo ello avivará el espíritu de Sergio –un “verdadero Quijote cruceño”–, que permanecerá en la memoria de muchos intelectuales y hombres de bien que se arropan en estas verdes y candentes llanuras orientales.