La derrota del presidente Evo Morales, que, si se confirma, le impediría presentarse a un cuarto mandato en 2019, no constituye, sin embargo, una victoria para ningún miembro en particular de la oposición. Solo representa la fatiga de una presidencia que aspiraba a un redondeo triunfal para una gobernación de 20 años. Toda una vida. Y la gran pregunta debería hoy ser ¿cuánto afecta esa erosión al MAS?

El movimiento-partido que dirige Evo Morales no puede ser el mismo sin su candidato-estrella, paterfamilias, fundador, factótum y gran fabricante de votaciones victoriosas. Hasta hoy. Y por ello la cuestión dominante solo puede ser una: ¿si no es Evo, quién?; ¿dónde está, entre los líderes opositores, el que pueda beneficiarse personalmente del "No" en el referéndum?

El resultado de la consulta-referéndum-plebiscito, el "No" a Evo Morales, no es un "Sí" a nadie en particular. La democracia ha triunfado, sin duda, pero no sabemos en nombre de quién.

Y, desde otro punto de vista, coyuntural pero decisivo, hasta podría decirse que el presidente ha estado de suerte. El ciclo que se ha acabado probablemente por un prolongado periodo de tiempo es el de los hidrocarburos por las nubes, con lo que el éxito económico de la década prodigiosa que le ha tocado liderar a Morales es, con toda seguridad, irrepetible. Estamos, por tanto, ante una "fatiga de presidente" que llega, pese a la derrota, en el momento más oportuno para el primer jefe de Estado de la nueva Bolivia plurinacional.